El testigo del juicio por el asesinato de Mariano Ferreyra que desapareció ayer, justo cuando debía declarar en ese proceso, apareció anoche con vida. Estaba golpeado, maniatado y desorientado.
Un empleado de la sección Circulación de DIARIO POPULAR encontró anoche maniatado, descalzo y visiblemente confundido a Alfonso Severo, el testigo en el juicio por el homicidio del militante  Mariano Ferreyra, que como se sabe se encontraba desaparecido desde las 22 del miércoles y que fue liberado por quienes supuestamente lo tenían en cautiverio.

Durante la madrugada, Severo era atendido en el Hospital Presidente Perón, ex Finocchietto, en Avellaneda, donde fue trasladado por un grupo de familiares y allegados que se hizo presente en el lugar donde fue encontrado abandonado.

El testigo del que se temía por su suerte y que ayer debió haber declarado por el crimen de Mariano Ferreyra, “estaba golpeado y shockeado”, según confirmó uno de sus hijos, Gastón, en la puerta de la guardia del hospital.

Mientras tanto, en el centro asistencial se supo ayer que Severo iba a ser sometido a una tomografía computada para constatar su cuadro general.

Severo había sido hallado en la intersección del pasaje Clememceau y Mariano Acosta, en la localidad de Piñeyro, cerca de las 22, casi veinticuatro horas después desde que había sido visto por última vez cuando fue de visita a la casa de un familiar, a la que nunca llegó.

La persona que lo encontró es Fabián Abba, un trabajador de DIARIO POPULAR que a esa hora se encaminaba a tomar su turno en la planta situada en Avellaneda. Según señaló Abba, Severo evidenciaba estar mareado y confundido, y tenía ambas manos atadas a la espalda con un precinto plástico color negro del que lo liberó apenas minutos después en el frente de su casa, situada a unos cincuenta metros de la esquina donde encontró abandonado al testigo que hasta anoche estaba desaparecido.

Tras desatarlo, Abba llamó a dos teléfonos celulares que le pasó Severo, uno de ellos una remisería de la que sería propietario, desde donde minutos después arribaron varios
vehículos al frente de la casa donde el testigo era asistido por la familia del trabajador de DIARIO POPULAR.


Abba también relató que cuando lo encontró sentado en la esquina de su casa, Severo le dijo que  era una persona que estaba secuestrada y a quien sus captores lo dejaron allí, diciéndole que camine y se aleje de la zona.

“Lloraba y se ahogaba, pero no quiso que lo entráramos a la casa”, contó anoche la esposa de Abba en el frente de su propiedad precintada anoche por personal policial para permitir la labor de la Policía Científica sobre los precintos plásticos que ataban las manos del testigo
liberado.

Cuando los autos se lo llevaban con destino al hospital, Severo se descompuso y debió descender del auto que lo transportaba para vomitar en una esquina de la calle Gutemberg, donde un grupo de vecinas discutió con los acompañantes del testigo por pensar que asistían a  un episodio más de inseguridad.

Estaba acá tirado y salimos para ver que pasaba porque nos sorprendió que estuviera en el piso y rodeado de tanta gente”, afirmó una de las vecinas que habían sido insultadas por algunos de los integrantes del grupo que acompañaba a Severo.

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