El papa Francisco, en este caso más porteño que otros, es un amante de la carne y de la infusión. Será difícil que pueda contagiar a otros integrantes de la casa del Señor, más proclives a comidas europeas y al té.
Dos clásicos argentinos, el mate y el asado, llegan al Vaticano. Como buen porteño, el papa Francisco es amante de la infusión nacional, de la carne a la parrilla y del tango. Sus feligreses recuerdan las tardes en las que compartían amargos con el Sumo Pontífice e incluso residentes paraguayos dicen que también degustaba tereré durante su tarea pastoral en algunos barrios porteños.

Durante sus visitas a la capilla Virgen del Rosario de la villa 31, en el barrio de Retiro, el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio solía tomar mate con los asistentes a los oficios religiosos.

Francisco también tomaba tereré -la variante fría de la infusión de yerba mate- y hablaba palabras en idioma guaraní con la colectividad paraguaya afincada en distintos asentamientos porteños. "Compartió con nosotros comiendo comidas típicas, inclusive tomando tereré con los compatriotas", contó ayer Celso Chamorro, miembro de la Comisión de Derechos Humanos de la organización de paraguayos residentes en la capital argentina.

El entonces cardenal Jorge Bergoglio se desempeñaba como arzobispo de Buenos Aires y en ese carácter asistía a los eventos organizados por la comunidad en coordinación con los obispos de Paraguay durante la festividad de la Virgen de Caacupé, la Patrona de los católicos paraguayos, que se celebra el 8 de diciembre, explicó Chamorro. Bergoglio "usaba frases en guaraní en sus homilías", precisó.

Quienes conocen a Francisco cuentan que una de sus aficiones cuando visitaba Roma era disfrutar del típico asado argentino con sus compatriotas. Ahora, recién coronado papa, deberá romper el protocolo para organizar una reunión alrededor de las brasas.

La Iglesia Nacional Argentina es un templo situado en la plaza Buenos Aires de la capital italiana. Además de ser una iglesia abierta al culto católico funciona como residencia para 18 sacerdotes argentinos, que estudian y se forman en Roma.

"Bergoglio venía en el colectivo o en el subte a visitar siempre que podía", dijo el padre Carlos Rubia, de 51 años, quien vive en la residencia. "Compartíamos mesa y comía con nosotros como un sacerdote más".

Rubia, nacido en Mendoza, recuerda que Bergoglio conversaba con los sacerdotes de su diócesis que estaban temporalmente en Roma. Rezaban y celebraban misa. La jornada terminaba en torno a un asado, en el que de vez en cuando se colaba alguna que otra discusión sobre su adorado equipo de fútbol San Lorenzo de Almagro. "Era uno más. Muy sencillo. Un gran pastor", comentó.

La Iglesia fue construida por monseñor José León Gallardo a principios del siglo XX. Fue una manera de establecer un punto de encuentro para la comunidad católica argentina en Roma, muchos de ellos descendientes de italianos que emigraron hacia el país sudamericano.

El templo celebra misa en español una vez al mes. En la entrada, un mosaico con la bandera albiceleste argentina identifica perfectamente el lugar.

En el interior hay una pequeña imagen de la Virgen de Luján, patrona de Argentina. "Francisco es un gran devoto de la Virgen de Luján", comentó.

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