Junto a los recuerdos de trabajos en cine y TV se mezclan los códigos de una Buenos Aires que va desapareciendo
Si existe en el medio un actor que transmite respeto y admiración es Alberto de Mendoza, quien es el último porteño de ley dentro de la colonia artística. Su pinta sigue vigente, como se nota con sólo verlo, pararse y saludar. Ahora, tras su paso por su querida Buenos Aires, el intérprete brindó una lección de vida.
-En la última entrega de los Martín Fierro todos los artistas se pusieron de pie para homenajearlo ¿Qué sintió en ese instante?
-No esperaba esa ovación, a lo sumo aguardaba un aplauso por parte de gente de la profesión. Cuando vi a todos parados realmente me emocioné. Con más de 70 años de profesión, si debí esperar tanto tiempo para llegar a eso, en buena hora.
-¿Cuáles son sus planes laborales?
-Querido amigo, del futuro no se puede hablar nunca. Cuando uno tiene 30 años no se da cuenta que puede cumplir 40 o 50, y así sucesivamente. En una obra que hice y fue un fracaso, Las Ultimas Lunas, recuerdo que uno de los roles decía: “Que los viejos no tienen futuro, porque estaban metidos en la cárcel de la vida, que es la vejez”.
-¿Hasta qué punto lo marcó haber quedado huérfano a los 5 años?
-En la vida hay que aceptar aquello que te dan. A ellos yo los perdí de muy chiquito, aprendí a caminar en la vida sin quejarme de nada.
-Hace poco se cumplieron 50 años del film El Jefe. ¿Qué recuerdos tiene?
-Le voy a decir una cosa, uno de los personajes que más detesto es Berger. Cuando llegué de México me convoca el director Fernando Ayala y me da el libro. Hice el papel con mucho entusiasmo y con un elenco excepcional. Es un film que tengo en el olvido. El personaje en su esencia era aberrante y era un dictador. Para mí Berger no fue un rol difícil porque era muy lineal.
Los papeles inolvidables
-Berger ha sido un personaje consagratorio o lo fue más el film Filomena Marturano...
-Ningún personaje es consagratorio, esas son macanas. En el caso de Filomena Marturano fue el inicio de una carrera. El Jefe fue un paso adelante, pero luego está El Infierno tan Temido, que ha sido otra gran película.
-De las 150 películas que hizo, ¿cuál fue la mejor?
-Memorias del Subsuelo, con adaptación de Beatriz Guido. Es una película que amo. Casualmente, buena parte de aquellos que estuvieron El Jefe participaron en aquel otro film.
-¿Se acuerda del programa Yo y un Millón, con Jorge Falcón? ¿Qué ha sido en su vida artística?
-Ahhhh. Eso era una maravilla (se le iluminan los ojos). En Ayacucho y Posadas donde empezó la TV argentina un día aparece un loco como Falcón, un adelantado a su época. Hablamos de 1958. Me ofrecen un antihéroe total, un rol repugnante, pero fue una serie que inventó un montón de cosas. Desfiló mucha gente de la profesión que ya no está, era una patriada... Las horas que trabajábamos todos juntos... Ha sido una época maravillosa.
-Otros roles estupendos fueron El Oriental y El Rafa...
-El Rafa fue un personaje querible y en un momento justo. El Oriental lo vi hace poco en Volver, era estupendo. Igual, para mí fue más querido que El Rafa.
-Durante dos años estuvo proscripto por el peronismo. ¿Qué se acuerda de ese momento?.
-El tema fue por no firmar la reelección de Perón. El Sindicato de Actores decidió no hacerlo, quedamos afuera Oreste Caviglia, María Rosa Gallo y Claudio Martino. Fueron dos años de un duro aprendizaje para vivir sin la profesión.
-¿Se arrepintió de ese hecho o lo volvería hacer?
-Nunca me arrepiento de aquello que hago. Ahora no sé si lo volvería hacer. En esa época era un ideal y la pasamos muy mal con mi familia.
“La calle me enseñó”
-Al verlo a usted es como visualizar al porteño de fina estampa. ¿Qué me dice?
-Soy porteño en serio. La calle me enseñó mucho. Aprendí a ser honesto, querer la ciudad, no mitificar. Muchos jóvenes quieren hacerse los reos y se les nota que es falso. Mis amigos han sido mayores y me enseñaron los códigos de la noche de Buenos Aires.
-¿Qué códigos?
-La honradez, lealtad y la palabra es ley.
-¿Cómo encuentra la noche de Buenos Aires?
-No existe más. La noche que yo conocí desapareció. Ahora existe una noche rara que la veo por mi edad.
-¿Qué sueños artísticos o personales le quedan por cumplir?
-Me hubiera gustado hacer Don Segundo Sombra o Los Isleros.
-¿Cómo definiría Alberto de Mendoza a usted mismo?
-Como profesional ayudé a mucha gente, no le hice mal a nadie, un enamorado de la profesión. El mundo es tremendo ahora por el hambre que existe. Es una sociedad de consumo egoísta y tremenda.
H.R.