Se trató del mayor suicidio masivo durante el siglo XX, que incluyó chicos recién nacidos. Eligieron quitarse la vida instados por quien consideraban como su líder espiritual. Sin embargo, otras 700 personas percibieron que el fanatismo tenía un destino trágico y lograron escapar a la matanza.
Unos días antes un grupo de periodistas y un congresista norteamericano (Leo Ryan) llegaron a Guyana para investigar presuntos abusos a miembros de la secta. Cuando intentaron regresar a los Estados Unidos sufrieron una emboscada y fueron asesinados a tiros. Era el principio del fin para los fanáticos encabezados por el reverendo.
Jim Jones había nacido en Indiana el 13 de mayo de 1931 y desde chico demostró sus dotes de conductor de masas. Sus compañeros de estudio resultaron ser sus primeras víctimas. En un principio su prédica consistía en la igualdad racial, pero una mudanza a Richmond lo formó en contrario. En 1952 se casó con Marceline Baldwin, que también murió en la masacre.
En 1977, un año antes de la matanza, mudó su iglesia a Guyana, que se convirtió en su nueva tierra prometida, por lo que consideró una persecución de parte del gobierno de los Estados Unidos. La vida de Jones también terminó ese 18 de noviembre. Apareció muerto de un disparo en el corazón y los historiadores aseguran que él mismo empuñó el arma. Lo ocurrido en aquella finca todavía sigue siendo una incógnita.