No pudo ser más controversial el "bautismo de fuego" del árbitro en el ámbito internacional con el Superclásico Boca-River del jueves pasado. Su reparto si se quiere hasta discrecional de las tarjetas amarillas no pasó desapercibido, por la cantidad y por la calidad de las mismas, sin mediar alguna roja al menos "para matizar". No pasó el examen y esta peculiaridad no fue bien vista por la CONMEBOL. Mientras palpitamos cómo le irá a Delfino en la revancha, repasamos a su antecesor.
Nueve futbolistas amonestados y ningún expulsado. Algo parecido produjo Silvio Trucco días antes pero por el torneo local, el de Primera División 2014, cuando en el Amalfitani, en el empate 1-1 de Vélez con River Plate, les sacó tarjeta amarilla a diez, también sin mediar expulsión o expulsiones. No pasó desapercibido el arbitraje del internacional del SADRA en la primera versión semifinal de la Copa Sudamericana entre Boca y River, con ese tan particular rasgo que caracterizó una labor cuanto menos cuestionable, por personalidad y control defectuoso que efectuó del Superclásico.
Cantidad de jugadores amonestados poco frecuente y curiosamente, sin que para su criterio alguna de dichas amonestaciones haya merecido ser jugada de tarjeta roja. O que alguno de los jugadores amonestados no haya sido castigado por al menos una segunda intervención brusca. Llamativo.
Trucco parece elegir o tener en claro cómo mantener el equilibrio de ciertos partidos clave. Equilibrio, como forma de expresión, claro está. Amarilla para uno, amarilla para otro. Y para otro. Y para alguien más luego de marcarle con los dedos "por ésta, por aquélla y por la otra" en recurso bajo y gastado de algunos árbitros, sobremanera argentinos. Y así, sin caer en tener que volver a amonestar a alguno, cuando por ahí, "alguno" sí mereció otra tarjeta y por ende, la expulsión.
En el Superclásico copero, pleno en brusquedades a repetición, que él no supo abortar con otro tipo de actitud más comprometida, amonestó a dos jugadores de Boca -Daniel Díaz y Gago- y a siete de River -Vangioni, Ponzio, Ramiro Funes Mori, Carlos Sánchez, Teófilo Gutiérrez, Maidana y Mercado- y ciertamente, debió expulsar a Maidana, a quien perdonó una brusquedad anterior y a Mercado, en jugada de toja directa. En el Vélez-River que le sirve de precedente, les sacó tarjeta amarilla a cinco jugadores locales -Pratto, Papa, Caraglio, Sebastián Domínguez y Romero- y a cinco visitantes -Teófilo Gutiérrez, Carlos Sánchez, Pezzella, Alvarez Balanta y Mercado-, omitiendo expulsar a Teo por un codazo a Cubero. Varios nombres en común. La misma actitud de Trucco: eludir la responsabilidad de ser "duro" para no comprometer su labor "desnaturalizando" el partido con expulsiones.
Lo que Trucco no entiende, como varios de sus pares, es que un partido de fútbol puede ser "desnaturalizado" desde un arbitraje que haga predominar la disparidad de aplicación de las reglas, generando desigualdad y por lo tanto, injusticia. Algo que no entra en el espíritu del reglamento. Y Trucco ya sabe que en el terreno internacional, por el que poco mérito ha hecho para llegar, ya juega con tarjeta amarilla...