De cuatro candidatos posibles, pasaron a dos para intentar que sea uno. En el camino hubo traiciones, miedos, sospechas y avales rechazados. La sombra de Burzaco y la salpicadura del FIFA gate todavía puede marcar a la AFA
"Vendo avales", canturreaba Pipo Marín mientras se abría paso entre el enjambre de periodistas que se agolpaba en Viamonte 1366 para el día clave de cara a las elecciones. La humorada condensaba mucho de lo que pasaba a esa hora: Armando Pérez se clavaba en cinco firmas y no conseguía -por una cuestión física- que le firmaran el mismo papel otros dirigentes del interior para ser candidato. Se acordó tarde de los autógrafos o está jugando a otra cosa. En paralelo, Claudio Tapia -con los siete avales rubricados, pero no presentados- sentó en una mesa a varios de los asambleístas que, teléfonos en mano, comenzaron a sondear voluntades y marcar en un papel cuántos votos le quedaban si rompía con Segura. 

A los que no les dieron las cuentas, se quedaron afuera y esperan por su turno si las elecciones son en marzo, porque ahí se abre una ventana para sumar nuevos candidatos. Los que explican la jugada de Chiqui Tapia no ven ínfulas electorales: dicen que buscaba un salvoconducto "por las dudas". ¿Por las dudas de qué? Bueno, los que están encolumnados detrás de Segura tienen miedo de que el caso FIFA salpique al candidato y deba bajarse por razones de fuerza mayor. Si el titular de Barracas Central también era candidato, emergía para reemplazarlo y si no pasaba nada, renunciaba a su candidatura. 

La sombra del FIFA Gate atemoriza a varios. Es más, nadie cree que Alejandro Burzaco mencione el nombre de su amigo Marcelo Tinelli ante la Justicia estadounidense sino todo lo contrario. Alguien imagina a una paloma mensajera saliendo desde Ideas del Sur con algún mensaje a Nueva York que llegue a tiempo para que el empresario que firmó más contratos con AFA que Maradona y Messi juntos, pronuncie en la corte el apellido de Segura. 

Uno de los avales para la candidatura del actual presidente fue Quilmes y si hay alguien relacionado con ese club es José Luis Meizsner, quien le puso su nombre y apellido al estadio y su firma a muchos documentos en Conmebol y AFA a lo largo de todo el periodo de que investiga la Justicia estadounidense. Quien fuera mano derecha de Grondona y hombre fuerte del fútbol sudamericano ya no sale a la calle. Para él no hay paloma mensajera y sabe que más tarde o temprano, el notario de la corte pedirá que le deletreen su apellido para sumarlo a versión dactilográfica de la declaración de Burzaco. 

Según cuentan los viejos lobos que todavía resisten en los pasillos sin Don Julio, el martes hubo directivos arrepentidos: coquetearon con Tinelli, cambiaron de montura y cuando se dieron cuenta de que el animador no arrasaba en las elecciones, quisieron ofrendar avales para volver a la huella que dejó Grondona. Les recordaron que ya están a mitad del río y les cerraron la puerta en la cara, igual que del otro lado cuando se enteraron de la traición. "El que traiciona una vez, traiciona dos, tres, cinco veces, hasta el infinito", aúllan con sabiduría.

Es divertido ver cómo caminan sin rumbo ni pisan fuerte aquellos que antes salían en la foto junto al señor del anillo. Para volver o para recuperar su lugar del lado del rating, hay varios que tendrán que ofrendar algo más que avales.

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