Cunha, cuenta una nota del portal de noticias Depor, quería jugar al fútbol. Tenía vocación por la pelota. En inferiores era volante un volante creativo que, según él mismo se definió, "jugaba por derecha pero también podía hacerlo por izquierda". Se convirtió en árbitro después de escuchar un aviso por la radio. Y arrancó, envuelto en una vorágine, una carrera que lo llevó a lo más alto.
En el campeonato 2014/2015 fue elegido como el mejor juez del campeonato uruguayo. Asistió a la Copa América, tras reemplazar a Darío Ubríaco por lesión. Allí dirigió, entre otros, el encuentro de Chile y Bolivia. También fue el juez en el partido entre River y Huracán, por la ida de las semifinales de la Copa Sudamericana 2015. En aquella ocasión, los dirigentes del Globo lo acusaron de ser hincha de San Lorenzo. Al final, el equipo de Parque Patricios ganó en el Monumental y clasificó a la final.
Pero Cunha ya había tenido una polémica con manos no cobradas. La más recordada ocurrió el 21 de mayo. Peñarol visitaba a Montevideo Wanderers por la 13° fecha del torneo uruguayo. Gastón Bueno, defensor del local, tocó la pelota con la mano no una, sino dos veces: fueron dos jugadas distintas, en las que el central claramente cometió la falta. Cunha no las cobró. Ninguna de las dos. Peñarol perdió. Y se le escapó la posibilidad de ganar el torneo Clausura.
Los directivos carboneros cargaron contra él. Los hinchas, también: "Mi familia vivió horas muy duras", contó en una entrevista.
Esta noche, en el partido que significó la eliminación de Brasil de la Copa América, apeló a la tecnología. Se acercó al juez de línea y pidió ayuda: dialogaba con alguien, del otro lado del intercomunicador, que le daba una respuesta; un veredicto. Entonces, de repente, se decidió: dio el gol como válido.
Y se equivocó.
Cunha será, desde ahora, el gran enemigo de Brasil.