Después de que los dirigentes votaran como cuando él vivía, los grondonistas van por un candidato de unidad en lugar de elegir entre varios. Los nombres nuevos dejan de pronunciarse y ganan aquellos apellidos bien conocidos. Que se vayan todos (los nuevos), un slogan tácito que repiquetea en cada rincón
A veces una expresión, una idea espontánea sobre algo secundario al objetivo central, dice más que un acto fallido o frase hecha. "Che, antes de que se acabe esta jodita tenemos que sacarnos el gusto y jugar en estas canchas", le dijo en el predio de Ezeiza el presidente de un club grande a un grupo de nuevos empleados de AFA que llegaron, justamente,  de la mano de su famosísimo vice. Es que después de que Don Julio digitara desde el más allá el voto de los 50 asambleístas  para ratificar a Segura como presidente, los bríos de la sangre joven ya no remontan ni un barrilete: los grondonistas cerraron al vacío el status quo del fútbol argentino.

La historia argentina se repite y el fútbol no es ajeno a ese espiral. Grondona es como Perón. Los peronistas interpretan al ex presidente desde 1973 y bajo su figura se albergan hasta hoy doctrinas que promulgan su pensamiento, o al menos su mejor versión. Los grondonistas intentan que no haya tantas invocaciones y le demuestran a la juventud –los sub 50 que reivindican a Don Julio pero quieren cambiar las formas-, que no alcanza con llorar la muerte: hay que mantener con vida los modos, las formas y las métodos aprendidos en 35 años.

En el homenaje a Don Julio en el predio de AFA que ahora lleva su nombre y apellido no hubo lugar para otra especie que la que encarnan los dirigentes. Casi todos los clubes estuvieron presentes en el acto en que se descubrió una plaqueta homenaje, pero faltaron futbolistas, ex futbolistas, técnicos y, por qué no, políticos: casi todos los directivos son satélites de uno. Tampoco funcionarios del Gobierno nacional, quienes lograron que el propio Grondona rompiera el contrato con TyC Sports para que el Estado se quede con los derechos de televisación.

En esa breve ceremonia, los dirigentes se ubicaron (¿de manera casual?) divididos por categoría: los de Primera cerca de la puerta de ingreso al complejo 2, donde más tarde hicieron la reunión de comité ejecutivo, y el grupito del ascenso, un poco más desguarnecido, donde termina el techo y de espaldas a las canchas donde entrenan las selecciones.

Eran menos en cantidad de hombres, pero en cuestión de votos, más de lo que suman todos los que estaban bajo techo. En el medio estaba José Luis Meiszner, el ex secretario general de AFA y quien sabe de memoria el manual que nunca escribió Don Julio. Tan en el medio, que los camarógrafos le pidieron que se corriera porque aparecía en el plano de la placa por descubrirse.

Rápido, el ex presidente de Quilmes se reubicó pero no formó parte de los grupos de Primera ni ascenso. Se quedó en el medio, pero fuera de cámara. Igual que las expresiones espontáneas, el lugar en que alguien se para dice más que cualquier frase para salir del paso.

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