A todos nos pasa cada tanto: el celular se incendia y la pantalla del teléfono se ilumina como una sirena urgente. Pero si el celular puede fastidiarnos a nosotros, ¿cómo lo soporta un deportista de elite? ¿Cuántos mensajes de WhatsApp recibe una figura de la NBA después de ganar un partido?
El 6 de abril, John Wall brilló en el Madison Square Garden, en la victoria de los Washington Wizards sobre New York Knicks por 106 a 103. El base convirtió 23 puntos y soltó ocho asistencias. Wall es una de las grandes revelaciones de la NBA. Rápido, impredecible, está viviendo su temporada más genial. Este año confirmó los motivos por los cuales fue el primer elegido en el Draft del 2010, participó del Juego de las Estrellas y, para varios especialistas norteamericanos, es la única amenaza en la autopista por la que Lebron James busca llegar a las finales.
Wall, después del partido, se sentó en el vestuario del templo neoyorquino con parsimonia, con el cansancio típico luego de una jornada ardua de trabajo. Es que esa noche se preveía tranquila —Knicks ni siquiera alcanzó a ilusionarse con clasificar a los Playoffs—, pero en el desarrollo se complicó: Wizards mantuvo una ventaja cómoda hasta el último cuarto, cuando Knicks ajustó el final. Los triples de Wall y sus penetraciones con la facilidad del viento marcaron la diferencia. Ya en el vestidor, sin remera, mientras un médico le tocaba el gemelo derecho porque sentía una molestia, Wall dialogaba con la prensa. Eso es normal: los periodistas no hacen guardias inválidas en una zona mixta que, si los deportistas están de malhumor, ni siquiera es mixta. No esperan a los protagonistas: van hacia ellos. Entran al vestuario y los micrófonos se mezclan entre las toallas mojadas, las zapatillas y la comida que engullen instantes después del último segundo de juego.
En la NBA no hay secretos porque no hay nada para esconder.
Al lado del base, sobre la butaca azul eléctrico, había una billetera, varios fajos de dólares apilados como facturas viejas, un reloj de plata, y el teléfono: un iPhone 7, el último modelo de Apple, el más común entre los jugadores de los Wizards. La pantalla del celular se encendía con brutalidad. "Hoy recibí entre 40 y 50 mensajes de texto. Es normal: cuando ganamos me escribe mucha gente para felicitarme y saludarme", le dice sentado, con la cabeza levantada, Wall a DIARIO POPULAR.
El escenario cambia cuando pierden. El exitismo —o el cholulismo— es un síntoma mundial: "Ahí ya no recibo tantos mensajes. Serán 20, nomás. Solamente me escriben mis amigos más cercanos, mi familia y mis entrenadores. Me alientan y me dicen cosas buenas. Pero los que suelen escribirme cuando ganamos, no, no me dicen nada", cuenta.
A Wall no le fastidian las preguntas. No le incomoda llevar veinte minutos hablando con distintos cronistas que desfilan por el vestuario como si ese lugar supuestamente sagrado fuese una feria gastronómica. Tampoco le molesta responderles a todos los que le escriben a su teléfono: "Les contesto a todos, uno por uno. Ahora, por ejemplo, ya contesté la mitad. El resto lo voy a hacer cuando me suba al micro para ir al hotel", dice.