El Canelo Álvarez volvió a ganar ante un rival que no le tiró una mano en 3 rounds. Fue como patear un penal sin arquero.

Pensar que hay gente que aún sacraliza al oficio del boxeador, y sostiene como un credo la imposibilidad de carecer de agallas (por no usar un término más ordinario), sólo por el hecho de subirse a un ring.

Sería bueno que esa misma gente defina la actitud del turco Avni Yildirim del último sábado en el Hard Rock Stadium de Miami, donde perdió por KOT 3 al no salir al 4º round ante el Canelo Álvarez, quien así retuvo sus coronas mundiales AMB y CMB de los supermedianos.

No sólo es condenable su rendición prematura y sumisa -lejana a inmolarse por la causa-, sino el vergonzoso papel de saco de entrenamiento voluntario que protagonizó, sin tirar un sólo golpe en los 3 rounds que duró la lucha aunque sea para demostrar que es boxeador, ante un rival al que tuvo todo el tiempo a tiro.

Y perdón a las bolsas de entrenamiento; estas en su vaivén pueden devolver algún golpe si no se las esquiva o bloquea, por lo tanto son más peligrosas y honorables.

Yildirim no tuvo siquiera el más elemental instinto de defensa propia, ni la mínima expresión de orgullo ante un agresor físico, como si el Canelo fuera su Amo y tuviera el derecho de pegarle, cual padre que le hace chas chás a su hijo.

Cierto es que el mexicano lo había derribado en el 3º con un recto diestro del que tuvo el decoro de pararse. Pero su capacidad de aguante no estuvo en discusión, sino la del deseo de victoria intrínseco en un deportista, que en boxeono puede conseguirse sin tirar manos, y menos sin pegarlas. ¿Miedo a perder? ¿Miedo a ganar? ¿Tongo?

Los tongos se disfrazan mucho mejor, por lo que éste no pareció ser el motivo de su inacción. ¿Alguien de los que discute los miedos en esta profesión -o la ausencia de cojones- podría explicarlo, siendo que además el turco era más alto y largo como para conectar golpes desde afuera, sin el riesgo de recibir una contra?

Valientes, cojonudos y temerosos hay en todas las profesiones, deportes y actividades; en todos los sexos, edades y países, sin necesidad de subirse a un ring para demostrarlo, que tampoco es garantía de nada. Lo que no cierra es por qué para el CMB el turco era “retador obligado” del considerado Nº 1 libra por libra del mundo, cuando ni siquiera figuraba 1º en su ránking (era el 2º), y venía de perder en su última pelea hace poco más de 2 años.

Con perdón de su gente, de las amapolas, de su desarrollo cultural, Turquía puede destacarse en varias cosas, pero no precisamente en boxeo, donde jamás tuvo un campeón mundial en la historia -que recordemos-. ¿Alguien podía imaginar desde el vamos que un púgil de ese origen fuera capaz de destronar al Nº 1? Ni el propio Yildirim habrá apostado por sí mismo, porque sería como si en fútbol Alemania jugara la final de un Mundial contra Surinam.

Y pensar que dieron vueltas y vueltas el año pasado para encontrarle un rival acorde al azteca, bochando en fila uno por uno a los candidatos por no considerarlos aptos. Hasta se cayeron los contratos con su plataforma DAZN y con su propio manejador, Oscar de la Hoya, por no coincidir en la elección del famoso “boxeador Premium”. Qué contradictorio...

¿Somos la Gata Flora? Lo único que pretendemos es poder ver “una pelea”, y no la hubo, porque fue como patear un penal sin arquero. ¿Pero quién se lo hace entender al Canelo y su equipo, que se creen los mejores y atribuyen el déficit de sus rivales a un atributo personal que emana de su piel?

Ahora bien: ¿cómo es posible que el Canelo tuviera fecha y rival para la próxima pelea –el británico Billy Joe Saunders, campeón OMB, para el 8 de mayo-, antes de subirse al ring contra Yildirim, dando por hecho su triunfo de antemano?

Por eso –entre otras cosas- el boxeo cedió terreno ante las MMA, donde luchan todos con todos y nunca está garantizado el vencedor, por más débil que parezca un oponente en los papeles. Esas cosas se resuelven en la jaula, león contra león, sin padrinos, puntos, ni bancas.

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