El flamante campeón de los medianos CMB rompe todos los moldes del pugilismo argentino y les muestra a los jóvenes aspirantes que preparación física e intelectual son compatibles
Sergio Maravilla Martínez pone en auge la disciplina del bastante olvidado boxeo en Argentina, especialmente desde que el empresario y dueño del Luna Park Tito Lectoure decidiera no seguir con este tema, quizás por falta de campeones mundiales, extrañando la dorada época de 1960 al 1980.
 
Este nuevo ídolo, campeón y extraordinario boxeador desde hace varios años, ha logrado reconquistar el interés por el boxeo. Seguramente los gimnasios recibirán muchos aspirantes de ambos sexos para practicar esta antiguo deporte, como pasó con Guillermo Vilas después de que abriera el camino del tenis para nuestro país o la cantidad de nuevos hinchas de San Lorenzo que surgieron en pleno auge de los programas de Tinelli. Programa que despertó en la gente el interés por Maravilla y por el boxeo, pero esta vez con un cambio sustancial: el de demostrar que el boxeo y la cultura puede ir de la mano.
 
Este poeta de la nariz chata les muestra a los jóvenes argentinos que es compatible la preparación intelectual con la física, con un claro mensaje de que se puede triunfar manteniéndose lejos de los malos hábitos y sin necesitar nada más que una buena preparación y mentalidad ganadora. Reconociendo permanentemente su origen humilde y contando las dificultades que sorteó para estar en el podio de los tres mejores boxeadores del mundo.
 
Ojalá logremos tener otra generación dorada, de la mano de Sergio como espejo, como reflejo, de varios jóvenes que puedan practicar este deporte y concurrir al colegio y a la universidad. Sin dudas esto traerá aparejado un formato nuevo de gimnasios, un cambio donde gimnasios de todo orden incorporen esta disciplina y que puedan concurrir hombres y mujeres de todos los niveles.

Para romper el mito de que estudio & boxeo no van de la mano. Más cuando los grandes campeones mundiales funcionan primero pensando, con inteligencia y luego pegando. Esto es lo que diferencia a un verdadero boxeador de un simple pegador. El boxeo es el arte de defenderse, de no dejarse pegar y en eso tenemos dos inmensos referentes: Locche y Martínez.
 
Creo que es un nuevo comienzo en el boxeo argentino, donde sueño con ver a los viejos y nuevos entrenadores promoviendo un cambio para lograr más deportistas de elite como Maravilla Martínez, alguien que al ganar el título prefirió leer un libro en la soledad su habitación, reencontrándose con El mismo, disfrutando de su logro, antes que el festejo y la adulación de los famosos amigotes del campeón.


Por Adrian Dottori
Especial para DIarioPopular.com.ar

 

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