Detrás de los campeones mundiales, se esconden los verdaderos gestores: los mánagers, muchas veces más importantes que los mismos boxeadores. El caso de Lucas Matthysse, flamante campeón mundial welter AMB, es uno de esos casos. Pero también lo es el de la mayoría de los púgiles argentinos. Analicemos

Alguna vez, en una columna como esta, se habló de que en el boxeo actual -tal vez el de siempre- es más importante el mánager que el boxeador.

Un buen mánager puede hacer que un púgil mediocre sea campeón mundial, mientras que un gran boxeador, mal manejado, puede retirarse sin serlo, salvo que sea un crack. Y a veces ni así, si no se cruza con alguien hábil para manejarlo, o de peso en los organismos internacionales.

La victoria de Lucas Matthysse del último sábado por KO 8 frente al tailandés Tewa Kiram (debió haber sido KOT pues la cuenta no llegó a 10), y su conquista del título mundial welter AMB vacante, abrió el análisis acerca de qué clase de campeones rigen hoy en nuestro país.

Y a decir verdad, nos encontramos con que tanto Lucas -manejado por Mario Arano y Golden Boy Promotions- , como Brian Castaño, el otro monarca con que cuenta la Argentina (superwelter AMB) -conducido por el Team Maidana, que encabeza Sebastián Contursi-, lo son más por mérito de sus mánagers que de ellos mismos. Ya explicaremos por qué.

De más está decir que esto no desmerece a ninguno de ellos. Pero en el caso de Castaño, la llegada que Contursi tiene con Gilbertico Mendoza –presidente AMB- hizo que en su momento se lo rankeara 2º allí sin ganar ninguna pelea importante, y luego se le inventara un interinato para darle a él la chance, y no al Nº 1 (Demetrius Andrade), como hubiese correspondido.

Pero además, ilógicamente fue ante el 9º -también puesto “con la mano”-, como el boricua Emmanuel de Jesús, que entró al ránking con forceps de un día para el otro, sin ninguna pelea previa siquiera.

El resultado, con Castaño peleando como local, ya lo conocemos. Luego los movimientos del ránking hicieron que la AMB lo nombrara de oficio campeón regular al “Boxi”, que revalidó más tarde –y meritoriamente- ante Michel Soro.

Pero téngase en cuenta que en condiciones normales Castaño no hubiera llegado a combatir aún por la corona, o hubiese tardado mucho más, con el agravante de pertenecer a una división dura como la superwelter, con peligrosos adversarios. Él sin embargo llegó por un camino accesible, ante los rivales más débiles. Ahora le ponen a un francés que está 12º, llamado Cedric Vitu.

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Similar fue el caso de Lucas, que estando retirado reapareció ante un probador (Emmanuel Taylor), y esa sola victoria lo colocó 2º en welter por la AMB, que casualmente tenía la corona desierta, y donde el Nº 1 era un tailandés desconocido como Tewa Kiram, con los monstruos que hay en esa división, la de mayor jerarquía mundial actualmente. Y aunque le costó más de la cuenta vencerlo, recién así Matthysse pudo, a los 35 años y al borde del retiro definitivo.

Pero ni Castaño ni Matthysse ganaron sus coronas ante campeones mundiales, sino con títulos vacantes, y en el caso de Castaño, interino, que luego transformaron en regular en un escritorio (ni siquiera en el ring).

Si Omar Narvaes se consagra campeón mundial gallo OMB en abril ante el sudafricano Zolani Tete, habrá sido mérito de su mánager Osvaldo Rivero, que le consiguió ese recurso cuando se le cayó la eliminatoria por la FIB ante Manny Rodríguez, para ir contra el campeón Lee Haskins.

Cierto es que Narvaes tuvo que ganar luego otra eliminatoria ante el ruso Nikolai Potapov, pero no era lo mismo Potapov de local en Obras, que Manny Rodríguez en Puerto Rico.

Diferente sería el caso del Cotón Reveco, que peleará el 24 de febrero contra el consagrado filipino Donnie Nietes en el Forum de Inglewood, por el mosca FIB. Ahí “no hay tutía”: Nietes es quizás el mejor campeón mosca reinante. Sería todo mérito suyo, pero a la vez una misión casi imposible.

Brian Castaño
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Brian Castaño, el otro campeón mundial argentino

Y así, la mayoría de los campeones mundiales argentinos fueron llevados por el mejor camino, incluyendo al propio Carlos Monzón, siguiendo por Víctor Galíndez, por Sergio Víctor Palma, Gustavo Ballas, y salvo excepciones, por la inmensa mayoría, que sería ocioso mencionar.

Quizás Maravilla Martínez haya sido de los pocos que eligió el camino más complejo, pero así tardó en llegar, y obsérvese lo efímero de su reinado.

Similar al de Maravilla fue el caso del Chino Maidana en welter, porque en superligero también fue llevado y ayudado por la AMB, donde fue campeón gracias a interinatos vacantes de movida que se transformaron en regulares en escritorios.

El caso Matthysse es extraño, porque habiendo realizado una extensa campaña en USA y forjado un nombre prestigioso allí, salvo Lamont Peterson, contra los buenos perdió, aunque siempre estuvo a la altura o fue robado.

Cayó ante Zab Judah, Devon Alexander y Danny García, entre otros, y el resto fueron de nivel medio, aunque algunos le sumen a Provodnikov como medalla. Pero el ruso no sólo venía golpeado, sino que luego, sin ir más lejos, perdió hasta con John Molina Jr.

Y aunque muchos se alegren del título de Matthysse, pensando en que hay campeón para rato, lo más rescatable fue que se hizo justicia, y nada más, aunque el mérito hay que colgárselo a sus manejadores más que a él.

Lucas tiene 35 años, poco hilo en el carretel, está en una división que no le sienta bien, y tiene rivales difíciles en potencia, los de nombre y los que no, pero están surgiendo, y cualquiera de ellos puede vencerlo.

Sería por demás inteligente que busque pocas peleas y jugosas, contra apellidos más que contra púgiles. Y en ese terreno, se impone el de Manny Pacquiao, que además de ser chico de envergadura, tiene 39 años y está más para el arpa que para la guitarra.

Total, lo más difícil ya lo hizo, no tiene nada que demostrar, y mucho menos que mantenerse, porque hizo su carrera al revés: primero se mantuvo y después llegó.

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