La crisis –los argentinos lo sabemos- está en todos lados. En el país, en la economía, en el fútbol, y también en el boxeo.
Viene desde la cabeza, pero ataca a los pies primero, y comienza a subir hasta que alguien -o algo- la detiene, nunca se sabe en qué momento y por qué.
Los pies del boxeo argentino digamos que son Los Cóndores. Son el resultado de nuestra última etapa amateur, los más destacados en ese plano formativo, los que asumirán el futuro y sobre quienes recaerá el peso del boxeo profesional, adquiera la forma que adquiera.
La nueva edición de la WSB de la AIBA tras los JJOO, primera competencia importante tras ellos que marca de algún modo cómo quedaron parados los diferentes países, le devuelven al nuestro la fiel imagen de su momento actual, que para entenderlo, sólo basta analizarla.
En primer lugar, en la zona americana -donde compite Argentina junto a Colombia, Venezuela y Cuba- al cabo de la rueda inicial de las idas, estamos en el último lugar con 1 punto, logrado el viernes pasado de visitante con la derrota 3-2 frente a Los Caciques de Venezuela.
El resultado es lógico. Nadie esperaba más. O mejor dicho, a nadie le importaba a priori qué colocación iba a redondear el equipo en este torneo donde no se juega casi nada, por no decir nada, más que prestigio y fogueo.
El propio Osvaldo Bisbal, ex presidente de la FAB y actual del continente americano por AIBA, anticipó en una conferencia de prensa llevada a cabo hace un par de meses, que “a este torneo se iría a perder”, “a juntar experiencia”, como se dice vulgarmente puertas adentro, “a que nos c… a piñas”.
Y está bien. Es una política. Lo sería más aún si uno viera que quienes viajan, o conforman el equipo, son las próximas figuritas, los sucesores de Los Cóndores, sus reemplazantes en las etapas formativas; aquellos que participarán como púgiles AOB (AIBA Open Boxing, el tradicional régimen amateur ahora llamado olímpico) en Sudamericanos, Panamericanos, Mundiales, Continentales, y diferentes torneos de fuerza internacional AIBA.
Pero no. Uno observa que quien viaja no es el titular -¿lo hay?-, sino el que puede, y allí será donde demostrará o no sus kilates –hasta ahora no lo han hecho, salvo el 81 kg Juan Rizo, que pese a perder ampliamente, derribó al último Oro olímpico, el cubano Julio La Cruz-.
Pero hay algo más llamativo aún, que forma el núcleo de este análisis: Cuba participa con sus figuras olímpicas, lo mismo que Venezuela y Colombia, ganen o pierdan –ni hablar los europeos y asiáticos-. De hecho, se han reeditado varios duelos que de Río, incluso ardientes semifinales que dejaron pica. Cada cual está midiendo sus fuerzas de local y de visitante, según le toque, y ponen toda la carne al asador. Menos Argentina.
Argentina, que clasificó a 6 púgiles para Río y obtuvo dos diplomas, es el único que no los pone en la cancha, vaya a saberse por qué. Uno porque pasó al profesionalismo –no es impedimento actualmente-, otro porque no está entrenado, o está pesado, o pide mucha plata, o quedó peleado con alguien.
La cuestión es que por H o por B, el equipo no es un equipo, sino una suma de individualidades, donde cada cual busca su beneficio y hace lo que le place . O sea que el problema no es sólo el nivel. La crisis envuelve por fuera y por dentro, desde los bolsillos hasta la conciencia. Y la responsabilidad.
Sin ir más lejos, el único punto que sacaron Los Cóndores, lo ganaron justamente el día que pelearon dos olímpicos, y de visitante, como el 49 kg Leandro Blanc y el 91 kg Yamil Peralta, ambos participantes en Río (Yamil fue diploma).
Y cabe aclarar que Blanc, es el único dispuesto a competir donde sea y cuando sea –ya lo hizo dos veces, y en la primera estuvo cerca: perdió en fallo dividido contra Yuberjén Martínez, Plata olímpica-. Estamos hablando de alguien que fue el último en entrar a los JJOO, en el último repechaje, en el último puesto, y en la categoría más baja.
¿Pero qué viene atrás? ¿Alguien lo sabe? Ni siquiera hay un DT oficial que comande, organice, decida y reclute, cosa que se está haciendo junto al cuerpo técnico anterior, de los que seguirán varios, y a los que sólo se les cambiará la cabeza –en teoría-.
Sin embargo, el discurso interno hacia el afuera es optimista: “Están aumentando las licencias amateurs”.
Por más que aumenten y que digan que la práctica del boxeo está creciendo en las bases, una cosa es hablar de cantidad y otra muy distinta de calidad. Y la probabilidad de que ésta sea directamente proporcional a la otra, es una teoría incierta, por lo cual, pensar que la cosa está bien no ayuda en nada.
Hoy el primer paso de la solución es la autocrítica, y luego ponerse a pensar en cómo salir de esto lo mejor y antes posible. Lo que hay que ver es si está claro hacia dónde nos dirigimos.