Su vuelta a los rings en setiembre ante Roy Jones es difícil encasillarla, porque será una exhibición rentada, sin sangre, ni KO. Un león con dientes de plástico, que sólo irá a tomar agua. No obstante genera la expectativa de otrora. ¿Qué es lo que moviliza de él? ¿Abrirá una veta para que otros campeones vuelvan?

Será la ansiedad. En algún caso, la inocencia. En esta ola de amagos de retornos al ring, tanto a nivel nacional como internacional, el que más ruido está haciendo es el de Mike Tyson, que ahora irá ante Roy Jones (51 años), el ex campeón mundial mediano, supermediano y mediopesado de varias entidades.

Será el 12 de setiembre en el Dignity Health Sports Park de Carson, California, pero claramente será una exhibición, no obstante lo cual, la cosa se monta como un gran negocio. ¿Qué clase de regreso puede considerarse a un guanteo entre dos ex boxeadores de más de 50 años?

La cosa está planteada a 8 rounds, con guantes de 12 onzas, sin cabezales, y sin ganador, porque no habrá jueces ni tarjetas. Y el árbitro –que será el yanqui Ray Corona- sólo estará para vigilar que las cosas marchen bien. Entre ellas, que no haya cortes, porque ni bien haya sangre se detendrá la ¿pelea? En síntesis, será sólo para ganar dinero.

¿A quién puede interesarle un Tyson que tiene vedada lo más interesante que tuvo siempre, que fue su fabulosa pegada? Si bien los cortes y la sangre nunca fueron la característica de sus combates como lo fueron sus nocauts secos, se supone que el principal móvil para volver a ver a Tyson sería su contundencia; no su clase. Pero el espíritu de la puesta en escena es que no haya riesgos de ninguna índole, y mucho menos, nocauts.

Es más; “no deben buscar el KO”. Ésa es la premisa, porque no será una pelea para el record, ni con un título en juego, ni nada que implique una competencia. Si a alguno de los dos se le va la mano y genera un efecto peligroso en el otro, o fuera de lo normal, también se detendrán las acciones. Y al final de la misma, ambos saldrán con los brazos levantados.

¿Qué gracia tiene? Sería como ir al mar sin agua, o a un restaurante sin comida. Inconcebible.

Lo curioso es que el negocio será tal, que el evento se ha programado para el mismo día y horario en que se presentará la máxima estrella boxística del momento, el mexicano Saúl Canelo Álvarez -aún sin rival-, como para competir claramente contra él. Y la plataforma de internet Triller, competencia de Tik Tok, pagará 50 millones de dólares por los derechos exclusivos de la transmisión.

Eso es lo que genera Tyson, aún hoy, viejo y retirado, aunque en asombrosa forma física. Pero hay algo más: el marco de este show dará el puntapié inicial para la creación de la “Liga de Leyendas”, el nuevo proyecto de Iron Mike, destinado a todos aquellos púgiles que se han retirado y quieren volver a subirse a un ring. Eso sí es creativo, y puede ser la llave que resuelva todos estos casos de nostálgicos peleadores.

La perlita fue que Tyson firmó el contrato de su pelea fumándose un porro de marihuana -se supone que producto de su propia plantación de cannabis medicinal, que aspira a que sea la más grande del mundo-.

Esto repercutió fuertemente en redes sociales y medios, lo que generó indignación en el mundillo del boxeo -al menos el argentino-, por considerarlo “mala prensa” para el deporte de los puños y hasta cierta “mala leche”, que en algunos casos parecieran arrastrarse de otras épocas y estar teñidas de una animosidad persecutoria.

Pero a decir verdad, cualquier atleta o deportista que hubiese firmado un contrato públicamente con un porro en la mano sería noticia aquí, por tratarse de algo ilegal además de salir de lo común. A ello habría que agregarle que todo lo que diga o haga Tyson, sabido es que resonará más que si lo hiciera o dijera otro, y por eso potenció inequívocamente la foto. Entonces, la “mala prensa” para el boxeo es “buena prensa” para él. ¿Fue casualidad tal construcción fotográfica, o una movida genial de marketing para matar de paso dos pájaros de un tiro?

No estamos acostumbrados a ver las cosas con ojos del nuevo mundo, donde no se evalúa si algo es correcto o no, sino cómo mide. Cambiaron los paradigmas para calificar las cosas, y ya no es más el mérito, la virtud, la pureza, sino la repercusión generada.

Nuestro ring –el de una sociedad vintage, la más numerosa, nacidos tras la segunda post guerra- está en otro lado. Nos lo han sacado sin que nos demos cuenta, y debemos aggiornarnos también nosotros, si queremos volver a subirnos.

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