Está en su salsa, haciendo lo que eligió, feliz de contar lo que ve, y camina entre la satisfacción, la necesidad de tener cerca lo suyo y los recuerdos de sus comienzos.
En la radio empecé a trabajar el 17 de octubre de 2000, apenas dos semanas después de su creación. Y a los seis meses me ofrecieron empezar a relatar a Almirante. Desde ese momento, lo hago hasta hoy. Es mi vocación. Es lo que me gusta. Contarle a la gente lo que veo. Y transmitirle pasión. Con la voz o con un texto escrito', afirma el periodista de San Justo.
Gastón Domínguez, al mismo tiempo, indica: "Disfruto mucho los momentos en los que hablo con mis compañeros. Es estar más cerca de ellos. Es contarles lo que uno vive para que puedan sentir que ellos también están acá. Es una manera de retribuirles la buena onda que le pusieron a esto".
Extrañando al oyente También hay añoranzas. "Lo que más se extraña es el contacto diario con los oyentes. Eso es impagable. Saber que uno está trabajando para que alguien se informe y se entretenga", afirma.
Pero hay más: "Por supuesto que se extraña la familia, que también hizo muchos esfuerzos para que uno esté acá. Y ni hablar Florencia, mi mujer. Desde que convivimos, nunca estuvimos tanto tiempo separados. Y se nota un montón su ausencia. Esta distancia agigantan las ganas de agrandar la familia".