El autor señala que la idea de que la totalidad percibida no es otra cosa que efectos del pensamiento humano, es la piedra angular de la Tradición Hermética y sustento de cualquiera de las órdenes esotéricas desde que se tenga conocimiento.
El éxito que obtuvo la película Matrix (1999), reiterado por su continuación Matrix Recargado (2003) llevó a muchos –sobre todo a los jóvenes, tan ligados a la cibernética– a la sospecha de que el Universo, en su totalidad, puede ser sólo una producción virtual. Algo que no tiene una real naturaleza material, aunque impresione de ese modo a los cinco sentidos.
En general quienes observan esto, además de sorprenderse, suponen que se están frente a una idea absolutamente nueva. Se equivocan. Pues la idea de que la totalidad percibida no es otra cosa que efectos del pensamiento humano, es la piedra angular de la Tradición Hermética (cuyo origen es varias veces milenario) y sustento mismo de cualquiera de las órdenes esotéricas desde que se tenga conocimiento de su existencia.
Así El Kybalion (cuya autoría permanece en secreto bajo el seudónimo de “Tres Iniciados”), un clásico de la literatura esotérica mundial, que sintetiza la filosofía hermética enseñada en las escuelas iniciáticas del Egipto faraónico y la Grecia clásica de acuerdo a la tradición atribuida a Hermes Trismegisto, originariamente llamado Thot en el país del Nilo, reitera este concepto una y otra vez: “El todo es mente; el universo es mental.” “Quien capta la verdad de la naturaleza mental del Universo estará bien encaminado y habrá avanzado en el sendero hacia la maestría”.
Resultan curiosos los caminos laberínticos de la historia humana, pues un concepto tan aceptado en el pasado se esfumó luego en la superficie del conocimiento y, ahora, regresa merced a la pantalla de computadoras y celulares.
Lo importante es comprender que todo lo que acontece dentro y fuera de cada persona es producto de su manera de pensar. Y esa “manera”; esos “esquemas de conducta”, no son rígidos, ni permanentes. Todo lo contrario.
Pueden, mucho mejor que cambiarse, ser transmutados. Ese es el término que, con justicia, usan los Tres Iniciados en el Kybalion. Transmutar es cambiar la naturaleza o la sustancia en otra. Es mucho más que una mera transformación.
Aquí se trata de mudar o convertir una cosa en otra. Como fuera la labor de los alquimistas en la Edad Media transmutando un metal impuro (por ejemplo, el plomo) para obtener otro noble (el oro); la alquimia mental persigue para el logro de una vida en armonía, disolver los esquemas nocivos de pensamiento por aquellos otros que convierten al humano “a imagen y semejanza del Creador” haciendo a cada persona única, original, irrepetible y –por ello– absolutamente convencida de que la vida terrena es un desafío permanente donde el protagonismo y el rol activo son imprescindibles para la superación de cada obstáculo. Todo lo cual implica un mayor desarrollo espiritual, la aplicación más adecuada de la propia fuerza mental y, por ello, la certeza de un cuerpo sano. Es por ello que afirmamos que la sentencia latina “mens sana in corpore sano” debe entenderse así: “si la mente está sana el cuerpo carece de enfermedades”.
Si todo es producto de lo albergado en el psiquismo y, si a la vez, todo es mental, entonces es suficiente su transmutación para provocar cambios en las condiciones del Cosmos todo. Esto, en sí, se encuentra reconocido en la sabiduría popular mediante cierto tipo de expresiones: “¡Cómo no lo habría de lograr, si estaba tan convencido que podía!” De manera tal que queda bien en claro que lo que permitió ese éxito no fue otra cosa que una disposición mental personal.
Siguiendo este criterio se desprende que la transmutación mental personal supera los límites de la acción individual llegando a provocar la modificación en el accionar de otras personas que, de manera inconsciente, son influenciadas por quien ha logrado concretar estados mentales superiores, abriéndose –entonces– inclusive a la producción de fenomenología parapsicológica como clarividencia, telepatía y precognición.
Tal como podemos leer en las páginas de El Kybalion, cuando dice: “La mente, así como los metales y todos los elementos, podrá ser transmutada de estado a estado; de grado a grado; de condición a condición, de polo a polo, de vibración a vibración, y la verdadera transmutación hermética es un arte mental.”
Antonio Las Heras es doctor en Psicología Social, parapsicólogo, filósofo, historiador y escritor. “Atrévete a vivir en plenitud”, es uno de sus más recientes libros. www.antoniolasheras.com