Las vacaciones son un momento esperado por todos. Pero más allá de todas las cosas positivas que conlleva relajarse con la familia del trajín cotidiano, hay algunas desventajas. Por ejemplo, son muy costosas. Y una de las soluciones es la vieja vianda playera.
Solemos gastar mucho dinero en rotiserías, puestos al paso y restaurantes, además de que esto implica alimentarnos en forma menos saludable: abundan las milanesas, las papas fritas, los panchos, las hamburguesas, las gaseosas... Así que por lo general, nos volvemos a casa con varios kilos de más y varios billetes de menos.

Las viandas playeras son una excelente opción para contrarrestar ambos efectos negativos en una sola acción. Permiten elaborar en casa, con ingredientes más saludables y económicos, la comida para llevar a la playa (el río o la montaña). El pequeño esfuerzo que podemos hacer el día anterior, y que no nos llevará más que una hora en la cocina, redituará enormemente en la salud y en el bolsillo.

Pero para armar una vianda hay que tener en cuenta algunas reglas. Porque no todos los alimentos son aptos para convertirse en comidas transportables. Tienen que reunir ciertos requisitos. En primer lugar, es recomendable evitar los alimentos con cremas, altos en grasas o que fácilmente se echen a perder al romperse la cadena de frío, como mariscos, pescados, carnes o lácteos. Porque las heladeras refrigerantes, si bien conservan el frío de los alimentos, lo hacen por un tiempo determinado y no a igual nivel que una heladera común. Por eso, además de evitar alimentos muy sensibles al calor, se aconseja colocar siempre una bolsa refrigerante en el interior de la heladerita o lunchera.

Pero más allá de la cuestión de sanidad y seguridad alimenticia, está la cuestión práctica y de sentido común. No vamos a llevar un guiso a la playa ni un plato de pastas. Lo ideal es incorporar alimentos que puedan comerse con la mano, sin necesidad de llevar cubiertos, como croquetas, albóndigas, hamburguesas de cereales, porciones de tartas, sandwiches, empanadas, etc. Además, son comidas que tranquilamente se pueden comer frías y en cualquier momento del día.

Otros alimentos aptos para viandas son los muffins o budines salados, con vegetales como zanahorias, choclo, calabaza, zapallitos, mezclados con claras de huevo y avena (en el caso de querer hacerlos lo más saludables posibles). Porque además hay que tener en cuenta que en la playa suele hacer mucho calor y es conveniente comer liviano para sentirnos bien y no pesados debajo de un sol abrasador.

Por supuesto que en vacaciones no tenemos muchas ganas de cocinar. Por eso, podemos aprovechar un día de lluvia para preparar varias cosas y colocarlas en el freezer con los separadores correspondientes para luego ir utilizándolas en la medida de lo necesario. Como las carnes no son muy indicadas para transportar a la playa, está la opción de los cereales y las legumbres con los que se pueden armar hamburguesas o albóndigas. Además de ser alimentos económicos, resultan muy rendidores y más resistentes a las variaciones de temperatura que las carnes.

Por último, cabe recordar que un gusto de vez en cuando tampoco viene mal, cuidando solamente que no se convierta en algo habitual. Justamente, las vacaciones tientan al menor esfuerzo y eso se transforma, casi automáticamente, en una mala alimentación.

Saber combinar comidas saludables, hechas en casa, con aquellos gustos menos permitidos, es el gran desafío de la época de relax. Las viandas son aliadas para poder llevar a cabo el objetivo y nos harán ahorrar, no sólo peso en kilogramos, sino pesos en nuestra billetera. Aquí, algunas ideas fáciles que pueden ayudar a concretarlo.