Los barras croatas, entre los más violentos del mundo, dieron que hablar de nuevo este fin de semana, cuando un enmascarado entró en el terreno de juego del estadio del Hajduk Split con una barra de hierro.
El hincha enajenado ingresó al capo de juego y amenazó al árbitro del encuentro.
“Los clubes, la selección y la federación son los rehenes de los hooligans”, reconoció la Federación Croata (HNS), invitando a los medios de comunicación, a los responsables y a los aficionados a “condenar con firmeza estos comportamientos y tomar distancia con respecto a los hooligans”.
El partido, que finalizó con empate 1-1, se desarrolló bajo una atmósfera agitada. La "Torcida" (Hajduk) y la "Armada" (Rijeka) intercambiaban insultos y lanzaron cantos racistas contra un jugador gambiano del Hajduk, Hamza Barry.
Además, ambas parcialidades unieron su voz para hacer un llamamiento a la muerte de los serbios y los habitantes de Zagreb, capital de Croacia.