Ganó por KOT 6 en el debut post cuarentena en Florida, al igual que Francisco Torres (GP 8), y abrió una esperanza de cara al futuro para el boxeo argentino por personalidad, ganas, y un estado físico fantástico. ¿Alcanza para un objetivo mundialista?

Sería muy fácil sumar elogios vacíos. O reflejar luces sin brillo propio que lo único que harían sería encandilar.

Fue muy buena la victoria de Alberto Pametta del sábado pasado en Daytona Beach, Florida, por KOT 6 ante el yanqui Tre’Sean Wiggins, por todo lo que se esperaba de él, y porque fue contundente. Pero a la vez dejó cosas para analizar, si realmente no se quiere quedar en el aplauso superfluo.

También fue alentadora la victoria por puntos en la misma velada del campeón argentino de los medianos, Francisco Torres -una reencarnación del “Pelado” Silva (El Kojak), por estilo e imagen-, ante el local Cleotis Pendarvis, pero su escuela tan especulativa y sobria no es muy del paladar americano.

Ambos conquistaron títulos: el primero el internacional welter AMB y el segundo el Fercaribe superwelter de la misma entidad, aunque cierto es que ambos se presentaron imperceptiblemente como favoritos.

Por antecedentes, personalidad, carácter y carisma quien interesa es Palmetta, ex olímpico en Río ‘16, y triple vencedor en el campo amateur del Gran venezolano Gabriel “El Capitán” Maestre, que además –inteligentemente- está intentando cambiar su estilo heterodoxo y rendidor del campo aficionado, por uno más agresivo y explosivo en el campo profesional, donde se valora la contundencia.

Pero lo hizo a medias. No es su identidad, ni su naturaleza. Y se nota. Pese a haber logrado el objetivo de vencer antes del límite, le costó encontrar la distancia, y encontrarse a sí mismo dentro de ella como para conectar sus manos. De hecho, se lo vio impreciso e incómodo, especialmente en las dos primeras vueltas -que las perdió-, ya que no supo cómo entrar a la media y corta, y se quedó en la larga a expensas de la mayor altura y alcance de Wiggins.

Entrar a la distancia del guerrero requiere de no tirar golpes en la maniobra de achique, por dos motivos: a) por no desprotegerse y recibir la contra en el intento ante alguien más largo; b) porque de pegar tales golpes desde afuera alejaría involuntariamente al rival. La idea es acercar, no pegar. Y el mejor vehículo es la cintura.

Palmetta no es un pegador. Quizás sí un peleador, aunque no siempre le convenga entrar a fajarse, según el rival. Por lo tanto lo primero que debe hacer es coordinar los movimientos de sus piernas con sus brazos, que aún no fluye, ni está aceitado; pareciera pensar cada gesto antes de ejecutarlo y tener que acomodarse en consecuencia. Por eso se lo percibió fuera de foco, y no por virtud del rival.

Su primer golpe claro lo pegó recién en el 5º, y en el 6º, cuando metió nítido el uppercut zurdo, se acabó la pelea.

No obstante, Palmetta carece de punch, y él lo sabe, por ende arroja las manos con alma y vida, como si quisiera noquear con cada una, y en ese afán pierde precisión, gasta energías indebidamente, y no boxea. Sus movimientos se hacen rústicos, pierde plasticidad, y sólo su ímpetu prevalece, apoyado en un estado físico envidiable, que sólo lo acompañará algunas veces, ya que no es “lo único”, si a su esfuerzo no lo combina con técnica, timming, y –como su slogan reza- “boxeo inteligente”.

Que no quede solamente en un slogan, ni en una declaración de principios, porque en sus palabras posteriores al triunfo hizo hincapié en eso, quizás porque así lo creyó, quizás para autoconvencerse. Pero la realidad es que puso más corazón y músculos que cabeza.

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