Un análisis exhaustivo del rendimiento del boxeo amateur argentino en los últimos JJPP puede arrojar conclusiones a simple vista equívocas. ¿Éxito o fracaso? ¿Por buenos o malos pasos? Aciertos, errores, fortalezas y debilidades del deporte más prolífico a nivel olímpico de nuestro país, con todos sus por qué.

¿Fue buena o mala la actuación del boxeo amateur argentino en los recientes JJPP de Lima?

En principio, 3 medallas –una de cada color- sobre 4 participantes, supone un promedio altísimo, casi un 100 % de efectividad.

Un Oro panamericano -Leonela Sánchez, 57 kg- después de 20 años, tras los dos Oros de Winnipeg ’99 -Omar Narvaes y Víctor Hugo Castro-, y la 2ª mejor actuación a nivel continental desde Cali ’71 -sólo superada por Winnipeg con las de Narvaes y Castro-, refuerzan el balance exitoso de la gestión, curiosamente en una época de vacas flacas dentro del boxeo nacional, particularmente el amateur.

Sin embargo, no puede soslayarse que fue ésta la delegación más corta en la historia del boxeo argentino en los Panamericanos, y eso que ahora se incluyen los dos géneros. ¿Cómo es posible tan diametral performance, y cómo leerla en términos de avance o retroceso?

¿Cómo medir y comparar los objetivos internos, con las expectativas externas, para situarse en la posición adecuada en la evaluación de cara a lo que viene y a la orientación correcta?

Para eso hay que conocer detalles. Percepciones personales. Historias ocultas y razones políticas, deportivas y económicas, no sólo de nuestra región, sino también del contexto internacional en el que competimos, porque el rendimiento personal de nuestros atletas tiene parámetro en sí mismo, pero también respecto de los demás, y a sus respectivos crecimientos.

La plana mayor de la FAB, a como venía la mano, quizás no esperaba medalla alguna, excepción hecha de Leonela Sánchez, aunque no dorada.

Sin embargo, el grupo interno, es decir, boxeadores, cuerpo técnico y delegación, creían y sentían ganar 4 de 4 -como en Buenos Aires 2018-, con dos Oros de las hermanas Sánchez. Dayana con cierta duda. Leonela, cantada.

Se sabía del crecimiento de Ramón Quiroga (52 kg), que internamente fue discutido, y se confió en él. Pero la gran esperanza era Francisco Verón, la sorpresa solapada que se traía entre manos el grupo. Perdió 3-2 ante Brasil en fallo cerrado. Pudo haber sido victoria. Lo fue para muchos.

El tema fue que a priori el objetivo era ir a Lima con 8 boxeadores. Los que fueron, más Brian Arregui, Leandro Blanc, Mirco Cuello y Lucía Pérez. Pero todos estos quedaron en el camino en el Pre-panamericano de Managua, el verdadero golpe al mentón del equipo.

Arregui cayó 3-2 contra el experimentado colombiano Alexander Rangel, y Cuello, si bien le tocó el duro Carlos Morales de Puerto Rico, peleó muy mal ese día.

Mas la decepción fue Leandro Blanc, que perdió ante el brasileño Ronaldo Bezerra, un púgil a quien 3 meses antes, en un campus de entrenamiento en Brasil, se lo tuvieron que sacar porque le estaba dando una paliza. ¿Saturación por excesiva concentración?

En una reunión grupal se replanteó ese tema y se decidió cambiar la forma: no hacer más Campus tan cerca de la competencia.

Pero la experiencia más exacta que recogieron tanto boxeadores, como entrenadores y dirigencia, fue que la transición entre Juveniles y Mayores por la que atravesaron Cuello y Arregui suele ser compleja. No es fácil adaptarse tan rápido al cambio de clase.

Se lo reconoció el propio DT colombiano al jefe de equipo argentino. “En la próxima quizás Arregui le gana a Rangel. Hoy era difícil”.

El otro impacto fue la eliminación de Lucía Pérez, que perdió 3-2 con una mexicana inferior a ella (Brianda Cruz).

El análisis somero arrojaría un balance negativo, pobre, rayano con el fracaso. Sin embargo, la sensación térmica en el corazón del grupo era otra.

Pocos saben que todos los chicos que no se clasificaron a Lima, luego estuvieron junto al equipo ayudando a sus compañeros, y Lucía Pérez no faltó a ningún entrenamiento, por lo cual fue designada como capitana, pese a no participar. Esa unión fortaleció a los que quedaban, que sentían que eran ellos contra el mundo.

No fue fácil Managua, no sólo para los argentinos. En aquel proceso quedaron afuera grandes figuras, como el venezolano Joel Finol, medallista olímpico, y varias de otros países potencia como Brasil y Colombia. ¿Fue entonces que tales púgiles o países bajaron su nivel?

Sucede lo siguiente: en los anteriores Panamericanos hubo muchos más clasificatorios que ahora. En general había 3, y si no se entraba en uno, se entraba en otro.

Ahora, desde que el Boxeo Olímpico admite ambos géneros, se supondría que se duplicarían las chances de clasificar, cosa que no es así, porque las mujeres le quitaron plazas a los hombres.

No obstante, si uno repasa, para los JJPP de Guadalajara 2011 y Toronto 2015, Argentina viajó con 7 púgiles –5 varones y 2 mujeres en ambos- pese a lo cual trajo 3 Bronces en uno y 1 Plata y 2 Bronces en otro, respectivamente. Es decir, peor performance que en Lima, con más posibilidades. ¿Pero por qué se pasó de ir con 7 a ir con 4?

En 2011 (Guadalajara) los sistemas clasificatorios eran totalmente distintos. La WSB y la APB de la AIBA, clasificaban directo. Para los JJPP de Toronto, Cuba, Venezuela y Puerto Rico, es decir, los más fuertes del continente, entraron así, por lo cual, las máximas figuras ya quedaban descartadas de las competencias posteriores, que por ende, perdían fuerza.

Luego había más clasificatorios, más plazas disponibles, y encima, sistema de arrastre, que permitía a un púgil que perdió en 1ª vuelta, entrar si su vencedor llegaba a la final.

Para Toronto 2015 hubo 3 clasificatorios. Tarde o temprano los boxeadores se metían, aunque sea en el último puesto de la última instancia.

Esta vez, para Lima 2019 hubo uno solo. Fue a matar o morir en un torneo con todas las potencias, donde influye mucho el sorteo. Y por qué no, el azar de cómo está cada cual en ése preciso momento. No hay margen de error.

Sin ir más lejos, los mismísimos Omar Narvaes y Miguel Cotto, hubiesen quedado afuera de Sydney 2000 con este sistema, ya que se clasificaron en el último intento acá en Buenos Aires. Y aunque no es lo mismo un JJOO que un JJPP, el proceso de clasificación sí lo es, porque se compite por continente. Y en el nuestro hay potencias como Cuba, USA, México, Puerto Rico, Brasil, Venezuela y Colombia.

Se tenía nivel para ir a Lima con al menos con 7 púgiles, pero 3 quedaron afuera, que posiblemente de haber tenido otra chance hubieran entrado. No es excusa, de todos modos. Son análisis finos de realidades desconocidas.

A eso hay que sumarle políticas de Estado respecto de los deportistas. Y a la luz de las medallas obtenidas en Lima -no sólo por el Boxeo sino por el deporte argentino en general-, quedó en claro que la nuestra fue reducir cantidad para mejorar calidades.

En vez de distribuir poco entre muchos, ahora la cosa pasa por seleccionar a los Elite y distribuir más entre pocos, aunque tal selección no fuera la correcta, y los métodos fueran injustos.

En el caso puntual del boxeo, todo es resultadista. El ENARD y la Secretaría de Deportes son resultadistas con las becas que otorgan. Tal logro, tal beca. Sin logro, nada.

Estando en Managua ya se sabía que a los que perdieron se las retirarían, aunque hubo una gestión por Arregui, Cuello y Lucía debido a sus antecedentes recientes. Y si bien se logró retenerlas, se las bajaron. ¿Cómo se llega a un resultado sin apoyo previo?

En otros deportes como Lucha o Taekwondo, sus Federaciones financian a sus atletas enviándolos a países limítrofes, sudamericanos pequeños, compiten, ganan, y los becan. No es el caso de la FAB. No hay respaldo económico sin apoyo estatal para invertir en el Alto Rendimiento, y de haberlo, no hay recupero material, al menos en el corto plazo. Pero a la vez desaparecieron los sudamericanos de bajo nivel que había antes.

Existen Juveniles que pintan para figuras, que por falta de antecedentes internacionales no pueden becarse. Y así muchos – en especial mujeres- tienen nivel para viajar y ganar, pero no es posible.

Ahora vienen los Mundiales de Rusia Masculino y Femenino en setiembre y octubre respectivamente, y luego pensar en Tokio, cuyo clasificatorio será aquí en Buenos Aires. Entonces podrá constatarse lo que hoy a ciegas apenas pueden tantear las manos, sin ver con los ojos.

Medallas del Boxeo en los Juegos Panamericanos de los últimos 50 años:

Cali 1971: 2 Bronces.

México 1975: 1 Bronce.

San Juan (PR) 1979: 1 Plata, 2 Bronces.

Caracas 1983: 3 Bronces.

Indianápolis 1987: 1 Plata, 1 Bronce.

La Habana 1991: 1 Bronce.

Mar del Plata 1995: 1 Oro, 2 Bronces.

Winnipeg 1999: 2 Oros, 3 Bronces.

Sto. Domingo 2003: 1 Bronce.

Rio 2007: 2 Bronces.

Guadalajara 2011: 3 Bronces.

Toronto 2015: 1 Plata, 2 Bronces.

Lima 2019: 1 Oro, 1 Plata, 1 Bronce.

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