Un análisis boxístico de su vuelta y de ella proyectada a futuro. Las decisiones del ayer y las de hoy. Su identidad. Sus valores. Lo que piensa y lo que piensan de él. Su tolerancia o intolerancia. Su divismo y su populismo. La gloria o el dinero. ¿Cuál de los dos Maravilla es en realidad?

Ahora que ya pasó el retorno y bajó la excitación de los medios –incluyendo la de algunos opinólogos de ocasión- no vendría mal poner blanco sobre negro, con el paraguas de una victoria que atempera paranoias y aleja culpas.

Más allá del rendimiento boxístico de Maravilla Martínez que cabe analizar con la verdadera lupa -ya que él se propone llegar a un título mundial- y no con la contemplativa que pretende, lo primero que llamó la atención es cómo acentuó su dicotomía al decidir ir por un canal cerrado (codificado) como TNT Sports –que apenas tienen contratado 2 millones de hogares-, cuando hace unos años aquí lo hizo por la TV Pública, a estadio abierto, en una cancha de fútbol como la de Vélez, porque quería “masividad”. (En toda Latinoamérica, en cambio, se pudo ver la pelea de su retorno gratuitamente a través de Space).

Recordemos que él por aquel entonces se había colgado la etiqueta de ídolo popular del deporte argentino, y arrogado el título de salvador del boxeo. El hombre que acercó nuevamente el pugilato a la gente en nuestro país, y lo reverdeció agregándole ese toque mediático perdido de otras épocas.

Pero a la vez extrañó que habiendo sido un ícono de TyC Sports, quien lo siguió en toda su carrera desde antes de irse a España y también después, al regresar aquí –y siempre le reconoció esa fidelidad-, ahora se haya ido a la competencia.

No podría adjudicar esa negociación a ningún otro promotor, ya que esta vez el organizador de la velada de su vuelta fue él mismo, con su empresa Maravillabox Promotions.

¿Está bien o está mal eso? Simplemente, está. Así fue. Y si así fue, es porque le convino que así sea, y punto.

Eso sí: fiel a sus innatos reflejos y sentido del marketing, lo hizo en el momento ideal, en medio de una pandemia que tiene al mundo paralizado, ávido de acontecimientos –en especial deportivos- por lo cual consiguió que -con todo el espacio disponible- se hablara de él más que cuando fue campeón mundial.

No es opinión esto, como nada de lo que se extraerá y expondrá aquí, sino un racconto de hechos y sucesos objetivos que uno observa y comenta, con el derecho que otorga la libertad de expresión de cualquier sociedad que se precie de sana.

Otra cosa que sigue sonando extraño es que él, que tenía la camiseta del CMB tatuada en la piel, y que tanto predicaba su fidelidad al “cinturón verde” del Consejo, ahora esté apuntando al de la AMB –dentro de un par de peleas más-, que posee el japonés Ryota Murata. Es que Gilbertico Mendoza, su presidente, le ganó de mano al resto, ofreciéndole ese lugar, porque dice tenerle fe.

Resumiendo: ni TyC Sports, ni TV Pública, ni empatía popular, ni CMB, bastiones sagrados del ayer. ¿Y cuál es el problema?

A esto habría que agregarle que también cerró la transmisión para plataformas digitales por un tema de derechos, por si las moscas.

No pasa nada. Sólo que choca contra su propio archivo; no el de los actos y procederes, sino el de las palabras y declaraciones. Eso hace demasiado a la credibilidad de una persona (o personaje) a la hora del juicio público al escucharlo, e interpretar si lo hace en términos de sinceridad, de conveniencias personales del momento, o discursos para la gilada. En ese aspecto más de una vez ha defraudado, y por eso es resistido por muchos de quienes antes lo veneraban.

Digamos además que la pelea se la tuvo que organizar él mismo, y eligió a un rival mediocre en medio español como José Fandiño, un país de por sí mediocre en boxeo -por no decir nulo-, ya que a nadie le interesaba hacerlo, al menos no por las bolsas y rivales que pretendía, que tal vez no eran del nivel ni de JC Chávez Jr, ni de otros que sonaron por ahí.

Y pese a ello, se notó que el ibérico puso el freno de mano en los momentos álgidos, que pudieron causar peligro para Maravilla, especialmente cuando entraba su derecha boleada, que se las pegó todas. Pero Fandiño sabía perfectamente cuál era su rol en la fiesta, y no iba a arruinarla.

En cuanto a lo boxístico, a nadie que se precie de mínimo entendedor escapó su lentitud de desplazamientos y piernas en general. Y si bien de la cintura para arriba estuvo impecablemente entrenado y ordenado, se percibió a la legua su falta de potencia. No en sus puños, sino en sus pies, que es realmente de donde salen los impactos. Eso el primero que lo sabe es Maravilla, a menos que quiera autoengañarse.

Por eso llamó también la atención el nocaut, la forma, y la zona. Es decir; si con la mano mala (la izquierda), que la tiene rota, con los guantes puestos que amortiguan, con un directo que es un golpe largo (de menor eficacia que uno corto), a los 45 años y sin firmeza de pies, un púgil logra noquear a otro al plexo solar, o se trata de la reencarnación de Mike Tyson, o el rival es de papel glasé, y de riesgo para el boxeo.

Que el golpe llegó -aunque los brazos de Fandiño impidieron ver cómo-, llegó. Que pudo haberlo derribado, quizás, aunque ya desde el 6º el español venía mirando la lona con ganas. De ahí a no poderse levantar, los adulones y fanáticos podrán creerlo, los escépticos negarlo, y los perspicaces lo pondrán en duda y creerán que exageró el efecto, como este escriba.

Cada cual tendrá su óptica, respetable. Discutirla sería de necios, porque sólo Fandiño sabe lo que hizo. Y si Maravilla quiere defender su nocaut, que lo haga, pero sin descalificar la opinión y la observación ajena, aunque –claro- pedirle eso a alguien devorado por la soberbia sería inútil.

Lo que sí hay que aplaudir es su estado físico a los 45 años, tras 6 de retiro y haber estado en más de 100 kilos (o cerca, según dijo). Pero se sabe –y él más que nadie- que una cosa es el estado físico y otra estar apto para pelear, máxime en el gran nivel, como pretende.

Si Messi siguiera jugando hasta los 45 años, entrenando todos los días, sin haber abandonado nunca el fútbol, ¿alguien piensa que podría jugar en la Selección Nacional, y participar de un Mundial? Y eso que estamos hablando de un deporte donde el contacto físico no es el fin, ni el objetivo.

Maravilla quiere que se analice su pelea y rendimiento con los ojos de un retorno y en un contexto acorde, pero a la vez programa un futuro de elite. Siempre esas dicotomías. Siempre la dualidad. Un huevo aquí, y un grito allá.

Para una cosa hay un análisis, y para otra otro totalmente diferente. Cuando él se ponga de acuerdo, podremos hacerlo los demás, y mucho mejor si nos aislamos del exitismo.

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