El inolvidable Alfredo Di Stéfano, verdadero prócer del fútbol, hizo construir un monumento a la pelota en su casa, con la leyenda "Gracias, Vieja", frase que sirvió también de título para el libro que cuenta su vida. Pero, según dijo alguna vez, la llamativa inquietud tuvo un agradecimiento doble: "el gracias vieja es por la pelota y por mi mamá. Por mi vieja, que me hizo nacer, y por la pelota, que me hizo crecer".