Un relato en primera persona. Un film expositivo, en ocasiones, e interactivo, en otras. "Las aspas" tiene en su director y guionista a Espinoza García como un testimonio en sí. Él vivió en ese edificio cuando llegó a la gran ciudad para estudiar cine y se encontró con la burocracia inmobiliaria que le impidió adquirir un departamento de paso. Entre goteras, paredes descascaradas y techos agujereados, se encontró que adentro vivían otros estudiantes con la misma necesidad, que pagaban un alquiler un tanto ilegal.
Así descubre que "su casa" fue declarada patrimonio de la Ciudad en 1997 y que ese mismo año el local cerró por vacaciones, pero nunca más volvió a abrirse. De hecho, los habitantes tienen prohibido acercarse a la confitería. Con su cámara, Espinoza trata de hacer algunas tomas, pero por la oscuridad y el poco espacio le resulta imposible, y dejan las ganas de conocer más al espectador.
Muy bien guionado, testimonios claves y la voz en off del cineasta que acompaña. Más, como se señaló antes, la importancia de un director que conoce al tacto la realidad de esa esquina, que parece venirse abajo en poco tiempo.