El "Loco" dejó una huella en todos los clubes por los que pasó, pero, especialmente, en el Flamengo y en el Fluminense
Quien crea que Narciso Horacio Doval sólo fue un personaje extravagante, con pinta de modelo, a quien le gustaban la noche y las bellas mujeres, se equivocará. Esa fue una faceta de su vida, sí, pero futbolísticamente el Loco dejó una huella en cada club por donde pasó y, especialmente, en Río de Janeiro.
Allí se convirtió en ídolo de Flamengo (263 partidos, 95 goles, dos títulos cariocas), pero los hinchas del eterno rival, Fluminense, el otro poderoso de la ciudad del carnaval, también disfrutaron de su calidad y gritaron 68 goles suyos en 142 encuentros disputados con la camiseta tricolor.
Estando en Flamengo como socio futbolístico de Zico, Doval fue goleador del campeonato estadual de 1972 y anotó un tanto muy recordado justamente en una final contra Fluminense, que definió el clásico y el certamen en un Maracaná repleto. Y desde la vereda de enfrente, como compañero de Roberto Rivelino, repitió el plato, pues también fue máximo artillero del campeonato del ´76, que Flu obtuvo gracias a un gol de cabeza del argentino ante Vasco da Gama.
También en nuestro país lo amaron los hinchas de San Lorenzo, donde brilló como wing derecho de los Carasucias junto a Telch, Areán, Veira y Casa, y lo quisieron los de Huracán, cuya camiseta vistió en 1971.
Murió a los 47 años (el 12 de octubre de 1991, víctima de un infarto), a la salida de una discoteca en Buenos Aires, después de ser el actor de una vida con ribetes cinematográficos, que hizo ruido y que generó sonrisas dentro y fuera de las canchas.