En la actualidad, esta expresión se aplica para despedir a alguien de determinado lugar, acompañando de acritud y malos modos, cuando no con gritos e insultos.
En el pasado, las “cajas destempladas” se relacionaban con los tambores. Cuando un militar incurría en un delito de infamia, los superiores disponían separarlo del Cuerpo y se procedía a “destemplar” el parche de las cajas o tambores. Entonces, redoblando sobre ellos, se realizaba la degradación pública del acusado, y el soldado era expulsado con deshonor. Asimismo, con el acompañamiento de las “cajas destempladas” (o desafinadas) eran conducidos hasta el patíbulo los reos condenados a muerte. Según la RAE “destemplar” es “destruir la concordancia o armonía con que están templados los instrumentos musicales”.