Alberto lanzó un programa económico para tranquilizar a los mercados, pero también como un gesto al FMI. Ese proyecto y su aceptación en el oficialismo serán claves.

En la misma noche de la elección y antes de concurrir al búnker, el presidente grabó un mensaje en el cual buscó no sólo tranquilizar la apertura de los mercados del lunes. No sólo tenía ese propósito inmediato pensando en el lunes poselectoral, sino también ganar cierto oxígeno de aquí a fin de año con el anuncio de un programa económico, según el mismo lo bautizó, con metas plurianuales, con senderos en lo fiscal, que evidentemente buscan dar un señal positiva con respecto al acuerdo con el FMI.

Todo eso lleva implícito el reconocimiento de que la situación económica requiere alguna medida o serie de medidas más concretas y contundentes para poder enfrentar no solo la inestabilidad financiera de las últimas semanas, que se tradujo en fuertes ventas del BCRA superiores a los 600 millones de dólares en los 14 días previos al acto electoral, sino que también tiene que ver con una aceleración inflacionaria que no pudo ser detenida por la política de congelamiento de precios.

Creo que ahí hay una evaluación por parte del presidente y seguramente de su ministro de Economía, de la necesidad de cumplir con el capítulo del FMI. Por ahora es solo el título, no sabemos la letra chica ni el contenido de la propuesta. Y habrá que ver si está terminada y consensuada puertas adentro del Frente de Todos, como el presidente lo sugirió implícitamente.

En caso de ser así, habrá que ver por qué un proyecto de esa naturaleza involucra la política de ingresos y de gastos, es decir, todo lo que está relacionado a la búsqueda en el corto o en el mediano plazo del equilibrio presupuestario; todo lo que está vinculado con los subsidios y de alguna manera con la estrategias en lo que hace a la política monetaria que ha sido señalada por propios y extraños como los puntos más débiles o más vulnerables en cuanto a la carencia de una hoja de ruta más consistente.

Las expectativas de los próximos 20 días estarán orientadas a ver qué es lo que termina efectivamente presentando el Poder Ejecutivo y si eso va a tener fuerza como para transmitir señales de confianza tanto a los agentes económicos locales como externos.

Y por supuesto que genera una curiosidad saber si ese consenso interno supone medidas que vayan en la dirección que en algún momento esbozó el propio ministro Guzmán respecto a la necesidad de tener una política tarifaria segmentada que vaya reduciendo el porcentaje que sobre el presupuesto tienen los subsidios, que es muy alto y que involucra la necesidad de importar combustible. Es decir que tiene un doble impacto fiscal sobre el mercado de cambios.

Es en eso donde va a estar concentrada la atención en las próximas semanas. Y veremos si con este solo anuncio alcanza para obtener una pax hasta diciembre o por el contrario, de aquí a fin de años las presiones cambiarias continúan y el financiamiento del déficit sostenido casi exclusivamente en la emisión hace que se vaya agregando más presión al mercado.

Gustavo Marangoni - Politólogo, director de M&R Asociados - Twitter

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