El peronismo comenzó su proceso de reconstrucción con el objetivo de que Cambiemos no pase a ser la primera fuerza en la Cámara alta y vea facilitada la elección de las presidencias de las comisiones, coloque a más senadores en esas reuniones y no necesite exclusivas negociaciones con el justicialismo para sacar leyes, en caso de que el oficialismo mejore los resultados de las PASO en las elecciones del 22, como marcan las encuestas.
La costumbre del peronismo de aglutinarse luego de una derrota no tardó más que en otras épocas, aunque el escollo en esta ocasión es el sector que responde a la ex presidenta y candidata a senadora por la provincia de Buenos Aires por Unidad Ciudadana, Cristina Kirchner.
“La situación no da para más”, se escuchó decir la semana pasada en el despacho de Miguel Angel Pichetto, en referencia a la tensión que se vive en esa bancada que, hasta diciembre, tendrá a 36 senadores y que, si los números de las PASO se repiten a fin de mes, perderá, al menos, a media docena.
La división se dio de facto en varias votaciones de leyes requeridas por el oficialista Cambiemos, como la que autorizó el pago a los holdouts, la reparación histórica para jubilados y pensionados, y la recientemente sancionada ley Penal Empresaria.
En todos esos casos, y en varios más, el bloque que encabeza el rionegrino votó dividido: la mayoría en consonancia con el gobierno, y una decena en contra y haciendo explícito su desagrado con las acordadas entre Pichetto y el macrista Federico Pinedo.
El bloque encabezado por Pichetto, que dejará de llamarse “Frente para la Victoria” y será rebautizado como “Justicialista”, calcula que la derrota en las urnas y la diáspora kirchnerista le quitará la mayoría absoluta.
De acuerdo con sus propios voceros, esa situación lo dejaría en menos de veinte legisladores.
Por ello, se apuran los trámites para que vuelvan al redil peronistas que jugaron con Massa en los últimos dos años, como el cordobés Carlos Caserio y el chubutense Alfredo Luenzo.
También confían en que los formoseños Mayans y Teresa González, quienes en los últimos meses mostraron duras diferencias con Pichetto, se mantengan “adentro’; igual que la pampeana Norma Durango, cuya cercanía con el kirchnerismo se ocupan de desalentar.
El riojano Carlos Menem, con su postulación a salvo de cualquier impugnación judicial, es contado como parte histórica del Justicialismo a efectos formales; aunque sus reiteradas ausencias restan a la hora de hacer número en las comisiones.
Algo similar ocurre con el puntano Adolfo Rodríguez Saá, cuya estrella política parece estar en declive y que renovará su banca, por primera vez, por la minoría.i