Se trata de un método eficaz para revigorizar la energía de la pareja que sólo requiere deseo de pasar un buen momento y de atreverse a probar cosas nuevas, ingrediente esencial para el mantenimiento de la pasión y la atracción.
Según consta en distintas investigaciones antropológicas, el Tantra era una práctica en la India basada en la percepción de la vida como resultado de un acto de amor hacia el Universo y se asociaba también con la fertilidad. Así, el misterio del Tantra era la manifestación de lo oculto y lo conocido, la capacidad de aprehender la totalidad y no se basaba únicamente en las prácticas sexuales, sino que incluía también la meditación profunda y el uso de varios sacramentos sin olvidarse en ningún momento de las necesidades primarias del cuerpo: la búsqueda del placer y de una sexualidad gratificante. Esta técnica, creada o modificada en la actualidad por la sexóloga Margot Anand, que le dio un giro occidental a esta práctica sexual, consiste en realizar algunas posiciones muy íntimas que avivan el deseo, combinada con movimientos casi gimnásticos energéticos, completadas con masajes sensuales y relajantes. Todo ello contribuye a transformar la energía sexual en una onda de bienestar que se extiende por todo el cuerpo. En el sexo, como en el amor, siempre se aprende algo nuevo. La sexualidad requiere también pequeñas fantasías para que se mantenga a punto de dar y recibir el mayor placer posible. No se trata de experimentar extrañas posturas ni de recurrir a accesorios raros. Los mejores accesorios de entrenamiento para la sexualidad son la piel, el tacto y los sentimientos de cada pareja. Se empieza creando círculos de energía a través de la práctica de ciertos movimientos muy sensuales. Esto permite liberar completamente la energía de los participantes. La danza o movimientos de las manos forma parte de este momento inicial. Consiste en el intercambio de miradas y sonrisas y pequeños contactos corporales. Con las palmas unidas, se dibujan en el aire círculos y triángulos invisibles. A continuación, se explora con más libertad el cuerpo de la pareja para intercambiarse, al final, la caricia del corazón. Se apoyan con mucha suavidad las manos en el pecho del otro para sentir y compartir los latidos del corazón. Después se realiza un masaje que estimula la inteligencia sensitiva. Mientras tanto, se escuchan sonidos armoniosos, se olfatean perfumes y se afina el tacto tocando el cuerpo de la pareja. Puede utilizarse también aceite de almendras o lavanda, con el que se unta el cuerpo del otro. El masaje comienza por la espalda, para abrir los canales por donde pasan las energías vitales y orgásmicas. Esto ayuda a liberar tensiones negativas, relajarse y evadirse de las preocupaciones del día. También puede iniciarse en los pies e ir subiendo hasta la nuca. Lo importante, tanto para el que lo hace como para el que lo recibe, es estar predispuestos a jugar, a dejarse llevar por el placer y a sentir a flor de piel el íntimo contacto con el otro. Durante el masaje, no hay que reprimir expresiones de placer y hay que preguntar si se necesita alguna caricia en especial. Luego la mujer, que representa a Shakti, la diosa india de la feminidad, regala a su compañero una danza que simboliza la fuerza creadora y femenina que da vida a todo lo que existe. En este punto la mujer se acerca a su compañero dirigiéndole miradas de amor y balanceando su cuerpo entero. Después, será el hombre quien protagonice la danza de Shiva, el dios indio de la fuerza y la energía. Esta danza es enérgica y muestra la fortaleza animal del hombre. Finalmente, se llega al punto final y el relajarse. La música romántica, la esencia aromática o cualquier objeto que trae felicidad a la pareja es ofrecido en agradecimiento por lo vivido. Una de las premisas fundamentales del sexo tántrico es la retención de la eyaculación por parte del hombre y del orgasmo en la mujer. Esto lleva a que ambos experimenten orgasmos múltiples.