En el partido entre México y Bulgaria, correspondiente a los octavos de final del Mundial de Estados Unidos ´94, se dio una situación insólita cuando, en su afán por rechazar una pelota que iba al gol, el defensor mexicano terminó metido dentro del arco.
Al colgarse de la red, uno de los parantes del arco se rompió, lo cual obligó a suspender momentáneamente el encuentro.
La solución llegó rápidamente en manos de un grupo de auxiliares, quienes sacaron el arco dañado y pusieron uno de repuesto que le trajo suerte a Bulgaria, pues allí se ejecutaron los tiros desde el punto del penal que les dieron la victoria a los europeos.