De fácil acceso, con buenos servicios y mejores piques, este muelle de aguas pasantes permite divertidas variantes a fondo y flote para no fallar con la especie más buscada por los argentinos: el pejerrey.

Es un clásico del Sur, un club que da inicio a la temporada de pejerrey no sólo para la gente de Avellaneda, Quilmes y Hudson, sino también para los porteños que, ansiosos de que las flechas lleguen a Capital Federal, se hacen unos kilómetros por la autopista Buenos Aires- La Plata para dar con las primeras flechas de plata. Hablamos del Pejerrey Club de Quilmes, extraordinario muelle de aguas pasantes que permite divertidas variantes de pesca de la especie más buscada por los argentinos.

Se llega al mismo fácilmente, bajando en el Km. 20 de la autopista y tomando hacia el río la calle en la que desembocan las bajadas. Al finalizar la misma en la costanera quilmeña, veremos el arco de ingreso al estacionamiento del club, que siempre queda custodiado, detalle no menor en estos tiempos donde además de buscar buenos sitios de pesca debemos velar por nuestros bienes.

Una característica que hace de este muelle un pesquero muy popular es que es abierto a la comunidad. Es decir, no es un club cerrado sólo para socios, sino que, pagando una entrada modesta, puede ser visitado por cualquier pescador. En la pérgola, el negocio que está al ingresar al muelle, se consiguen no sólo excelentes mojarras o panzuditos para carnada, sino que hay elementos de pesca imprescindibles que nos pueden suplir algún olvido. Por ejemplo, no han sido pocos los aficionados que, viendo cómo otros pescaban con líneas ancladas con volcadoras y careciendo de este elemento, fueron a comprar a este local y salvaron el día.

Otro dato a tener en cuenta es que permanece abierto las 24 horas ofreciendo una excelente alternativa de pesca nocturna a la luz de sus farolas. Y que si vamos con niños o la patrona, también hay baños, pileta para lavarse las manos y comodidades esenciales para estar cómodos en el muelle.

Durante nuestro relevamiento encontramos un excelente pique de pejerreyes a flote, pescando con línea anclada con boya volcadora. Los tamaños usuales fueron de 20 a 30 cm y convenía lastrar las mismas porque al pescar retenidos, el agua elevaba las mojarras por efecto de la corriente.

Grata fue nuestra sorpresa de ver llegar luego a dos excelentes pescadores locales: Alberto Pontoriero El Pez Gordo y Leo Altieri, un concursero magnífico con notables recursos para sacar agua de las piedras cuando la cosa está difícil. Esta vez no fue el caso, dado que el pique era sostenido. Usando líneas con boyas Doble-T (fabricadas por Pontoriero), comenzaron a izar una tras otra magníficas piezas que pasaron la media habitual. ¿La clave? Encarne de dos panzuditos por anzuelo, bien presentados. ¿No les dije?, estos pescadores locales tienen mil recursos para hacer comer al pejerrey aun cuando está remiso. Y siempre hay que aprender de la inteligencia local haciendo un lema de aquella frase de las abuelas: "Donde fueres, haz lo que vieres".

Así las cosas, nos bastó una mañana de muy buena pesca para irnos muy satisfechos del Pejerrey Club. Pero antes de echar estas líneas a la página, llamamos para actualizar datos y nos contaron que con el frío el pique de pejes a flote había disminuido un poco, pero, en contrapartida, empezaron a salir los primeros matunguitos a fondo en el morro. Para esta pesca, línea de dos brazoladas bien larguitas (de 1 metro) y encarnes bien precisos para que aguanten el tiro serán lo aconsejable. Todo es cuestión de probar con lo que manda el día, o morir en la de uno jugándose a suerte y verdad.


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