Los kuwaitíes protestaron argumentando que el sonido de un silbato (con origen en las tribunas) los había confundido y al reclamo, desde la platea, se sumó el jeque Fahad Al-Ahmed Al-Jaber Al-Sabah, hermano del emir de Kuwait y presidente de la Asociación de Fútbol de ese país.
El jeque primero les hizo señas a los futbolistas para que se retiraran del campo y acto seguido bajó al terreno de juego para hablar con el árbitro -el ucraniano Miroslav Stupar- y hacer más efectiva su queja.
En medio del revuelo y del asombro generalizado, el singular personaje abandonó el lugar una vez cumplido su cometido y, casi diez minutos después, el juego se reanudó con un pique, sin convalidar el gol francés.