El actor, que se encuentra coprotagonizando la obra teatral, Mujeres Ricas, reflexiona sobre su profesión, habla de sus miedos, realiza un análisis a fondo sobre la televisión actual y la necesidad económica por encima de la calidad laboral.
l ¿Qué simboliza el miedo?
-Es algo que paraliza, que frena, que no permite hacer. Esa es la imagen del miedo que tengo desde siempre.
l De pequeño, ¿era miedoso?
-No, pero al ser hijo único y tener problemas respiratorios estaba acostumbrado a estar con mi mamá.
l ¿Lo sobreprotegía?
-Sí. Tal vez esa sobreprotección me podría haber hecho una persona muy miedosa, pero superé esa situación. Siempre le metí para adelante.
l ¿Tenía asma?
-Sí. Se me cerraba el pecho, me faltaba el aire, me ahogaba. A pesar de eso, no tuve miedo a morirme.
l Dicha situación, ¿le complicaba su vida diaria?
-Un poco porque, estaba en cualquier lado y de golpe, se me cerraba el pecho, me faltaba el aire.
l Psicológicamente, ¿esos episodios estaban vinculados con un hecho puntual?
-Sí. Mi mamá había perdido dos embarazos, antes del mío y yo estuve a punto de no nacer. Esa situación desencadenó la sobreprotección.
l Esos síntomas, ¿nunca más aparecieron?
-No. Ya de adulto, cuando me encontraba atravesando un momento muy difícil, porque me estaba separando y, a la vez, estaba haciendo una obra de teatro, tele y me había salido un viaje para ir a España, me agarró ataque de pánico.
l ¿Lo sigue sufriendo?
-No, me duró poco porque fui al psicólogo y lo superé rápido. Como de chico, había tenido ataques de asma, ya había experimentado esa sensación y me decía a mi mismo: "Tranquilo. No me voy a morir. Relajate. Son los primeros diez minutos y después salís" y salía.
l Su personalidad, ¿lo inhibió para alcanzar una mejor posición dentro del medio?
-Es probable que si me hubiera expuesto más otra fuese mi historia, pero eso iba contra mi esencia. No estoy arrepentido de no haberme aprovechado de las relaciones para sumar. Admito que ser reservado, a veces, puede jugar en contra.
l ¿Coincide que el suyo es un medio densamente poblado, pero perduran pocos?
-Totalmente.l Eso tiene que ver con que la fama se ha transformado en un valor en si misma.
-Sí, pero a la fama hay que sostenerla con algo, sino es puro cuento. El punto es que decís dos pavadas por TV, salís en todos los medios y después te convocan para protagonizar una obra de teatro pero eso, a la larga, se cae por su propio peso.
l -El tema no es llegar, ¿sino mantenerse?
-Sí. El secreto es mantenerse.
l -¿Cómo le pegan las fluctuaciones laborales?
-Bien, porque yo siempre intenté elegir. No hacer por hacer. Por eso, tuve algunos baches. De todos modos, entiendo al colega que ni bien termina un laburo se desespera por encontrar otro porque tiene una familia que mantener.
l Cuando ve que colegas talentosos aceptan un papel que los desluce por necesidad económica, ¿qué piensa?
-Yo aprendí a no juzgar, porque uno no sabe a ciencia cierta cuál es la situación económica real que atraviesa esa persona. A mí me gustaría que los actores talentosos tengan la oportunidad de trabajar y que no hagan cosas que los deslucen. No todos tienen la posibilidad de trabajar de lo que les gusta. En nuestro país, hay muchos actores desocupados.
l ¿Qué elementos sopesa para decirle que sí a un papel?
-Entre otras cosas, si la historia es consistente, si el personaje tiene vuelo, color y si lo puedo interpretar.
l ¿Cuánto pesa el dinero en la elección?
-En verdad, una vez elegí algo por dinero y fue lo peor que hice.
l -Al menos, ¿compensó?
-No, pero me sirvió para saber que debo elegir lo que me gusta. Gracias a Dios, nunca tuve la necesidad de tener que trabajar sí o sí, porque estaba apretado por la situación económica. Me han ofrecido hacer cosas por guita, pero dije que no.
l ¿Usted tiene una posición económica acomodada?
-No. Siempre trabajé. Yo soy un laburante.
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