A más de 40 años de su formación, el cuarteto británico liderado por Andy Gill debutó en los escenarios porteños con una contundente performance. Todos los detalles del recital, en esta nota.

Mucho tiempo pasó para que el público rockero argentino pudiera ver en vivo a Gang of Four, uno de los grupos más emblemáticos del llamado “post-punk”, aquella corriente que sucedió, refinó y redefinió (y experimentó con y en) el punk, allá por fines de los 70 y, sobre todo, principios de los 80. Y, al menos por lo demostrado sobre el escenario de Niceto Club el lunes por la noche, la espera valió la pena.

Luego de muy buen show a cargo de los platenses normA (la banda de influencia post-punk pero con personalidad propia y marcada que ofició como telonera), Andy Gill pisó las tablas en solitario y comenzó a demostrar dos cosas: 1- que, al ser el único miembro fundador que queda en las filas del grupo, sería el protagonista de la velada; 2- que su manera de tocar la guitarra es la que sostiene ese protagonismo. Segundos después hicieron lo propio sus actuales (y jóvenes) compañeros: Thomas McNeice (bajo), Tobias Humble (batería) y John “Gaoler” Sterry (voz). Y, tras unos minutos de explosiones sonoras y acoples (entre los cuales Gill se encargó de aporrear y hasta pisotear su viola), todos juntos se despacharon con una excelente versión “Anthrax”, uno de sus primeros himnos.

Si bien a lo largo de la noche repasarían toda su discografía, ya con el tercer tema, “Not Great Men”, empezó a quedar claro que gran parte del setlist estaría concentrado en Entertainment!, su clásico primer (y mejor) disco. Y la decisión fue acertada, ya que las canciones de ese álbum que sonaron durante la noche fueron, sin dudas, las más festejadas por un público que, aunque no llenó a tope el recinto de Palermo, estaba compuesto por una cantidad de personas mayor a la que muchos esperábamos, teniendo en cuenta el carácter “de culto” de los de Leeds y la crisis económica actual que cada vez hace más difícil gastar una nada despreciable suma de pesos en una entrada.

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Así pasaron “Natural’s Not in It”, “Damaged Goods” (la más celebrada, por lejos), “At Home He’s A Tourist” y el clasicazo “I Found That Essence Rare” (único bis del concierto), como también otras gemas del resto de su repertorio como “Paralysed”, “Why Theory?”, “I Love A Man In A Uniform” y “To Hell With Poverty”.

Pero quizás el momento más memorable de la noche (sacando la interpretación de “Damaged Goods” y “I Found That Essence Rare”, los máximos “hits” del grupo) haya sido el momento en que Sterry, emulando al cantante original Jon King, destruyó ("en nombre del Arte", según sus propias palabras) un horno microondas aporreándolo con un diapasón de guitarra mientras cantaba “He’d Send In The Army”, el tema final del segundo álbum de la agrupación, Solid Gold. “Esta canción la escribió Beyoncé. Realmente odia los microondas”, bromeó irónicamente Gill, en una de las pocas ocasiones en las que interactuó con la concurrencia más allá de su performance.

Tras una hora y media casi clavada de show, los ingleses se despidieron del público sin espamentos ni impostaciones. La audiencia, por su parte, hizo lo propio y se fue satisfecha. Gang of Four puede ser hoy “Andy Gill más tres”, pero sigue siendo Gang of Four. Y eso, repasando la historia del rock, la cantidad de artistas que influenció y su legado, no es poca cosa.

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