Tras
"Deeper Water" y "
Corporate", la llegada del clásico
"Death Disco" y de
"The One" y
"I'm Not Satisfied" (temazos de su último disco estudio lanzado en 2015,
"What the World Needs Now") levantaron todavía más al público, que a esa altura ya estaba totalmente entregado a los encantos del bueno de Lydon, quien, no adepto al "tribunerismo", agradecía la recepción brindándose todavía más y con algunas caras de evidente satisfacción.
Después de las últimas canciones mencionadas, llegarían los momentos de mayor protagonismo de los laderos del cantante. Primero fue el turno del guitarrista, el ex The Damned y también actual cantante de The Mekons
Lu Edmonds, en el tema
"The Body".
"Acá está Jesucristo", lo señaló Lydon (haciendo referencia a su look de pelo y barba largos) y Edmonds, que la rompió toda la noche, se lució tocando el diapasón con una bola luminosa y una onda tremenda. Luego llegó el turno del bajista
Scott Firth, y con él
el que probablemente haya sido el mejor momento de toda la velada. Al mando de un contrabajo eléctrico, Firth se hizo cargo de las hipnóticas líneas de "
Religion" (en una gran versión a cargo de toda la banda), cuyo sonido fue aumentando en volumen paulatinamente hasta llegar a un nivel tal que
sentías que las ondas graves te golpeaban en el pecho. Una experiencia vibrante, en el sentido más literal de la palabra.
Y, como no podía ser de otra manera, tras este antes y después en el show, el mismo llegaría a su fin con dos auténticos temazos. "
Rise", el más ganchero y recordado (junto con "This Is Not a Love Song") de toda la discografía de PIL, fue el encargado de cerrar la lista. Y tras un medley compuesto por
"Open Up" (canción de la banda electrónica británica Leftfield, en colaboración con PIL) y "
Shoom", el himno post-punk
"Public Image" fue el bis final que ofició de broche de oro.
Y así, tras una hora y media que le devolvió la razón y redimió al público local al mismo tiempo, Public Image Ltd. se despidió ante una ola de aplausos y vítores. Y nosotros nos volvimos a nuestras casas con la alegría de haber disfrutado de un impresionante acto artístico, y con la posibilidad de, quizás (todavía no lo sabemos), haber formado parte de un momento histórico. Tardamos en entender lo que Lydon nos propuso allá por 1992. Veinticuatro años después, por fin, nos dimos cuenta. Enhorabuena.
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