Wallas y los suyos ofrecieron un show clásico y sin fisuras que deleitó a todas las generaciones de seguidores.

“Es acá, es acá”, pregunta Walas ni bien sube al escenario de La Trastienda. Pasadas las 21:15 las luces se apagaron y en plena ebullición de un público que ya se empezaba amostrar extasiado, un pequeño pogo ponía primera en cuanto escucharon los primeros acordes de Nuevo día.

Te agradezco también los hermosos presagios/ Aunque debas saber que lo dicho fue en vano/ Debo yo esperar a que sientas lo mismo/ Aunque sea muy triste quizá, cantaba Walas mientras la guitarra de Pablo Mondello dejaba en claro cómo debe sonar el skate rock.

Massacre, en poco más de dos horas, sacó a relucir su oficio y logró apoderarse de las emociones de jóvenes, adultos mayores y de todo aquel curioso que decidió atravesar la puerta del local de San Telmo. Con introducciones cortitas en cada canción y el dialogo habitual que Walas suele establecer con sus seguidores, la famosa cuarta pared fue derribada en pocos minutos.

Un show vieja escuela, donde todo sucedió gracias a la música. No hizo falta ninguna pirueta ni ningún tipo de pirotecnia. La lista de canciones estuvo a la altura de las circunstancias y el famoso una que sepamos todos, se hizo de la partida rápidamente. Con precisión quirúrgica intercalaron actualidad y nostalgia.

Para esos corazones que están desde hace mucho debajo del escenario, sonaron Plan B, Te leo al revés, Querida Eugenia, La octava maravilla y Vienen Zombies. No faltó oportunidad para que Walas hiciera mención de la visita de Patti Smith al país. Se mostró agradecido y no solo aduló su música, también se refirió a ella como la poeta del punk.

Aprovechó la introducción para darle pie a Mi amiga soledad, canción correspondiente al por ahora último disco de estudio: Biblia-Ovni (2015). Y ese por ahora tiene razón de ser, porque también avisó “que están grabando un discazo”, aunque agregó, entre risas, que seguramente “eso se encargara de decirlo la prensa especializada, como pasa siempre”.

Promediando el final soltaron una ráfaga de covers que hizo vibrar el piso de La Trastienda. Primero hicieron Complete Control de The Clash y se lo dedicaron al recientemente fallecido Tommy Loiseau, líder de la banda Mamushkas. “Ya estás en un lugar mejor, Tommy. Estás con Cobain. Salvanos”, dijo Walas antes de empezar la canción y se refirió a su amistad de años con el hijo del humorista Caloi.

Luego fue el turno de Paranoid de Black Sabbath. En una versión muy Massacre y con la voz al filo de Walas, el tema de los reyes del metal, cobró el clima necesario para que todos terminen en un enraizado baile de empujones. En la jerga criolla, se conoce como pogo.

Massacre es una banda que no falla. Con el oficio cancionero a flor de piel. Una banda que detrás de ese sonido del futuro, como le gusta decir a Walas, hay unas guitarras que pueden ser parte de cualquier fogón. En parte por virtud de ellos y otro poco por la mano de Juanchi Baleiron, el grupo construyó melodías que lograron meterse sin permiso en un oído más popular. Pero sin perder la esencia sonora de los primeros años,ni el rastro de aquellos grupos de la costa oeste de Estados Unidos que los motivaron, primero a ser Massacre Palestina y luego la ya conocida banda que son. Se puede decir que la etiqueta de culto que alguna vez tuvieron mutó a la de banda masiva.

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