Famoso por no dejar nada librado al azar, el velatorio de Alejandro Romay se desarrolló, tal como lo hubiese proyectado, según sus deseos: en uno de sus lugares más queridos, el teatro. Por cierto fue allí también donde supo construir otra de sus grandes pasiones.
Y fue una de las salas del mítico Teatro Nacional, de Corrientes al 900, el lugar elegido para que el Zar pudiera recibir el último adiós.
Minutos antes de las 20 el corazón del barrio porteño vio cómo se desarrollaba un enjambre humano entre famosos y admiradores del mentor de Canal 9, para acompañar a familiares y amigos en su despedida. Tal como "don Alejandro", como se lo mencionaba dentro del ambiente artístico, pergeñó en su imaginación alguna vez, permitió que el sepelio se realizara a puertas abiertas, al alcance de la gente, diría, tal la filosofía de este productor y exponente de la cultura popular.
Si bien el horario de despedida del productor en principio había sido previsto para las 19, el cuerpo se demoró 50 minutos. De todos modos, esto no fue impedimento alguno como para que después la ceremonia se realizara abierta al público.
Entre los presentes en el teatro estuvieron sus hijos y nietos, el actor Gerardo Romano uno de los primeros en llegar, Fátima Florez y dos productores de la talla del zar: Carlos Rottemberg, Gustavo Yankelevich. "Siempre estuvo pendiente del artista, siempre buscando lo mejor posible para los actores",resumió Romano, notoriamente emocionado, para luego desearle un buen viaje, a quien consideró uno de sus maestros, dentro del medio.
Mientras las celebridades se sumaban al adiós, la organización del velorio estuvo coordinado con un gran operativo policial. De hecho, se cortaron dos carriles de la avenida para que no hubiera dificultades durante la ceremonia.
Hoy sus restos fueron trasladados al cementerio de La Tablada para darle el último adiós. Su obra perdurará en la memoria colectiva.
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