A la ex joya juvenil de la Academia el fútbol le dio revancha. Después de pasar siete años en prisión y pensar que su sueño de ser futbolista estaba arruinado, firmó un nuevo contrato como profesional en Berazategui y se prepara con todo para su vuelta a las canchas. POPULAR charló con él en exclusiva

La resilencia es la capacidad de superar de manera positivas las situaciones adversas y el caso de Brian Risso Patrón encaja perfectamente a la descripción. Con 15 años pasó a ser una de las joyas más codiciadas de la cantera de Racing por los gigantes europeos a ser condenado a 11 años de prisión por la muerte de Samuel Quilez. En julio del 2018 salió de la cárcel, comenzó a entrenarse con la Reserva de la Academia, y Berazategui, encabezado por su entrenador Marcelo Barrera, optó por contratarlo para ser el 9 de un equipo que promete verse en lo más alto de la Primera C.

-Ya estampaste tu firma. ¿Cómo llevas la ansiedad de volver a entrenar de manera profesional?

Estoy viviendo algo muy lindo. Siento que voy a tener la revancha que esperé durante tantos años. Muchas veces dudé de si iba a tenerla.

-¿Dudaste de volver a probar suerte?

En realidad mi preocupación, primero, era conseguir un trabajo y darle de comer a mis hijos, por lo que mi sueño había quedado en un segundo plano.

-Ya contaste que fueron años duros. ¿Cómo los transitaste personalmente?

Con palabras no puedo expresar todo lo que sufrí. Llegó un momento en el que tuve que bloquear mi mente y volverme frío, no darle bola a la tristeza. Quería que los días pasaran. A veces no me acordaba ni de mi cumpleaños.

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-¿Te quedó dando vueltas la idea de qué podría haber sido de tu carrera si no hubieras ido a la cárcel?

Yo siempre fui consciente de que estaba para conseguir cosas buenas en el fútbol. De ver a pibes como Icardi, Tagliafico, Lamela, que compartían vestuario conmigo e incluso eran suplentes, me quedó una espina, porque podría haber estado tranquilo como ellos.

-¿Cómo saliste de esta experiencia?

Ahora disfruto mucho más las cosas. Llego a mi casa y le digo a mi mujer que estoy contento. Siento mucha alegría de tener una vida diferente, de hacer lo que me gusta y poder darle a mis hijos una situación diferente con el fútbol.

-Por haber salido del mismo club, y por haber entrenado juntos en Reserva con Ricardo Centurión, ¿qué pensás de que se hable tanto de él por cuestiones extrafutbolísticas?

A Centurión lo conozco de chico. Desde los 8 años entrenamos juntos, e incluso a veces lo traíamos después de entrenar. No me gusta opinar de la vida de nadie, pero me molesta cuando lo juzgan por “tener autos de lujo”. Nadie sabe que desde los 8 ya estaba haciendo un esfuerzo mucho más grande que el resto. Entrenar no es correr atrás de una pelota. Yo a veces llegaba caminando a casa con un dolor de cuerpo tremendo. No saben el esfuerzo que hace uno, y como en todo aspecto de la vida, mucha gente habla demás. No lo justifico, pero sí lo entiendo, porque los dos tuvimos una vida similar.

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-¿Pensás que hay un ensañamiento contra él?

No creo que sea así. Incluso cuando entrenaba en Reserva, seguía hablando con él y parecía que teníamos los dos 12 años. Es un jugador llamativo. Hoy agarrás a los chicos y cualquiera juega a ser Centurión.

-¿Y qué clase de jugador puede esperar de vos la gente de Berazategui?

No me gusta hablar de goles ni nada de eso. Lo único que les diría, es que voy a romperme el alma para poder hacer la mayor cantidad de goles posible.

-¿Hablaste con Marcelo Barrera? ¿Hablaron de objetivos?

Sí. Cuando él se enteró que estaba buscando club, habló con mi representante y me vino a ver acá. Me dijo que quería un equipo que juegue al fútbol y sea protagonista. A mí no me gusta perder en nada y me interesó su propuesta, así que no tardamos en ponernos de acuerdo.

-¿Y cómo se tomó tu familia esta nueva oportunidad?

Me bancó en todo momento. Incluso, cuando empecé a jugar en la Liga de Alvear y la de Venado Tuerto, que empecé a agarrar ritmo y entrenaba con mayor exigencia, se me vinieron encima muchas lesiones y eso mentalmente me jugaba en contra. Me daban patadas que me hacían doler todo.

-Pero era un dolor lindo, que extrañabas…

Y los delanteros estamos acostumbrados a eso. Primero me quejaba mucho, pero ya después no lo hacía. Creo que los extrañaba.

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