Después de ocho años en que cada uno eligió un camino futbolístico, está en primer plano el objetivo común de que Pep y Leo se unan en el Manchester City. El tiempo transcurrido revela que ambos se necesitan. La sociedad virtuosa entre un entrenador y un jugador.    

Ahora, que la posibilidad de que se concrete un reencuentro entre Pep Guardiola y Lionel Messi pueda ser efectivo en el Manchester City, la ocasión parece apropiada para arribar a una definición futbolística: nunca un entrenador y un jugador lograron complementarse en el plano del juego y de la idea con tanta convicción y con niveles de éxito tan irresistibles.

Podrá argumentarse que entre Guardiola y Messi en algunas oportunidades existió en el Barcelona secuencias no ideales ni absolutamente plenas que la prensa del momento registró. Pero de ninguna manera se manifestaron fisuras muy significativas. La alianza o la comunión de intereses específicos que supieron tejer los dos protagonistas terminó configurando un escenario excepcional.

Ni Guardiola logró desarrollar su brillante carrera exactamente igual sin Messi. Ni Messi descolló exactamente igual sin Guardiola. Ambos revelaron que se necesitaban. Aun sin plantearlo en palabras. No era imprescindible extenderse en explicaciones. Ni en consideraciones elogiando las capacidades y las virtudes del otro.

El argumento y el testimonio más potente se expresó en la cancha. Allí, en ese territorio, donde suelen desvanecerse todos los relatos y todos los pronósticos, surgió y se profundizó la alquimia entre Pep y Leo.

Lejos en el tiempo, César Luis Menotti supo hablar de las pequeñas sociedades que nutrían al fútbol en todos los sectores del campo. Sociedades entre jugadores. Como la que en la cumbre de la excelencia, a modo de ejemplo, armaron Pelé y Coutinho en aquel Santos maravilloso de la década del 60, inspiración universal del mejor fútbol.

Quizás lo inédito es la sociedad entre alguien que conduce y alguien que juega. Y más inédito aun es que aquel que conduce es calificado por el ambiente como el entrenador más influyente del mundo y el que juega es considerado como el mejor jugador del mundo.

Es cierto, podría sostenerse que luego de concluido el vínculo que los unía, a partir de junio de 2012 cada uno siguió su propio camino. Guardiola, después de un año sin actividad, dirigió durante tres temporadas al Bayern Munich, hasta que arribó al Manchester City. Y Messi continuó convirtiendo golazos (633 en 729 partidos) y acumulando títulos (34) en el Barça.

Pero la realidad es que nada fue igual. Y no porque cultivaran una amistad notable. No fueron amigos Guardiola y Messi. Y no lo son ahora. Los valores de la amistad nunca estuvieron en juego porque no existió ese tipo de relación. Sin tono peyorativo, habría que señalar que funcionaron como un perfecto matrimonio por conveniencia.

Guardiola le ofreció a Messi, a gran escala, la idea colectiva del Barça para que explotara su potencial. La idea que entre otros, Iniesta y Xavi enriquecieron con una naturalidad asombrosa. Estos dos orfebres del tiempo, el espacio y la construcción, acompañaron sin pausas el crecimiento de Messi, quien interpretó el rol del jugador que no tiene techo en su faceta desequilibrante.

Messi era el genio que iluminaba a la gran orquesta. Pero nunca fue un solista. Ese Barça no se permitía ni admitía solistas que intentaran resolver la complejidad en base a resoluciones individuales. Era el funcionamiento del equipo el que le abría el camino a esas respuestas que Messi protagonizaba con la creatividad de un superdotado.

Ese funcionamiento traducido en un fútbol espectacular, Messi nunca más lo disfrutó, más allá de las posteriores consagraciones con otros técnicos y con otros compañeros. Por su parte, Guardiola, tampoco encontró plenitudes absolutas ni en el Bayern ni en el Manchester City. ¿Qué le faltó? Ganar la Champions League. La misma que había conquistado en dos oportunidades con el Barcelona. Y con Messi como figura destacadísima en ambas finales (2009 y 2011) frente al Manchester United.

Las rutinas inciertas del fútbol pueden volver a integrar a Guardiola y Messi detrás de un equipo. No lo van a decir, porque estas cosas no se dicen. Pero se necesitan. Pep fue el mejor entrenador que tuvo Leo. Y Leo fue el mejor jugador que dirigió Pep. La síntesis que conmueve al City es simple: Guardiola más Messi. Escépticos, abstenerse.

Contacto

Registro ISSN - Propiedad Intelectual: RL-2018-58849696 - Domicilio Legal: Intendente Beguiristain 146 - Sarandí (1872) - Buenos Aires - Argentina Teléfono/Fax: (+5411) 4204-3161/9513 - internet@dpopular.com.ar

Edición Nro. 15739

Dirección

Propietario: Man Press S.A. - Director: Francisco Nicolás Fascetto © 2017 Copyright Diario Popular - Todos los derechos reservados