Al principio el grupo tardó en apropiarse de la idea de juego, pero cuando hizo click y entendió que el cambio lo potenciaba, el Muñeco sintió que se venían tiempos importantes. Un cambio que se hizo al andar.

Los tiempos de las personas no siempre se conjugan de buena manera con las circunstancias y Marcelo Gallardo los supo en el final de este año cuando ya estaba listo para volver a trabajar y si era en River mucho mejor. Le había dicho que no a Racing y esperaba paciente la chance, pero no se le dio. Ramón siguió con la nueva dirigencia y el Muñeco empezó a evaluar otras posibilidades.

Cuando apareció Newell's y casi dice sí, le sonó el celular y era Francescoli. Se había ido el Pelado y era el elegido. Fue hasta San Nicolás a agradecerle y a decirle que no a su amigo Lucas Bernardi y a la dirigencia leprosa y en el viaje que compartió con su amigo y ayudante de campo Matías Biscay empezaron a armar el equipo para la triple competencia.

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Gallardo tenía toda la información del equipo, de los jugadores, del funcionamiento grupal y estaba feliz que le dejasen un equipo campeón. 'Ahora tienen que pensar sin la necesidad urgente de dar la vuelta y puede liberar condiciones para jugar de otra manera, algo que los haga distinto como equipo más allá de un título' reflexionó el Muñeco poniendo manos a una obra que esta semana se coronó con una copa internacional tras 17 años de penurias.

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Cuando se sentó con la dirigencia y le dijo lo que pensaba, tanto Rodolfo D'Onofrio como Matías Patanian, coincidieron y se entusiasmaron, pero a veces de los discursos a los hechos, la distancia es larguísima. No para Gallardo que además les dijo que se bancaba el tiempo de transición, que iba a entender el momento del club y que se comprometía a potenciar al plantel, a los pibes de inferiores y a recuperar a jugadores como Ponzio, Sánchez y Mora quienes habían sido corridos por Ramón Díaz.

La lista de refuerzos fue corta y un nombre se cerró rápido, Leonardo Pisculichi. Nadie en el mundo River puso las manos en el fuego, hasta los directivos fruncieron las cejas; Piscu venía de descender con Argentinos. Gallardo insistió y Enzo lo bancó. 'La va a romper, en el esquema de juego que pienso es clave un zurdo que le pegue bien de media distancia, que tenga pase entre líneas y que sea dueño de la pelota parada. Lanzini no es enganche, Piscu si y juega por las dos bandas' argumentó el DT mientras todos dudaban.

La pretemporada en la AFA y luego en Miami tuvo algunos sinsabores para el DT. Primero Cirigliano que era clave en la idea de juego en marcha y que decidió no viajar, luego la venta de Lanzini, seguidamente la historia de Kranevitter que estaba entre quedarse o irse, más tarde la lesión de Cavenaghi y para finalizar las idas y vueltas de Teo Gutiérrez. Mientras esas cosas pasaban, Gallardo se enfocaba en cambiar el chip de los jugadores para que el 'ir a más' que hizo público se haga realidad en el juego.

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Al principio cuando el DT les dijo cuál era el dibujo táctico y las maneras en las que iban a jugar, el plantel que venía de salir campeón dudó. 'Entiendo que jugando de una manera salieron campeones, pero si quieren dar un salto mayor de calidad y quieren hacer algo diferente van a tener que correr otros riesgos y jugar de otro modo', avisó el DT ante la mirada extraña de muchos. El equipo iba a jugar 40 metros más adelante, los laterales tenían que terminar las jugadas en el área rival, los centrales debían jugar mano a mano y los volantes tendrían que hacer recorridos largos, evitando la gambeta.

Todos los entrenamientos se basaron en el juego a dos y tres toques, en espacios reducidos y con la idea clara que cada jugador debía tener tres alternativas de pase. El primero que lo entendió fue Ramiro Funes Mori. 'Vos estás viendo a Ramiro' le dijo Gallardo a un colaborador. La respuesta fue afirmativa. El Muñeco agregó; 'Entendió todo, no sale más del equipo y en un par de años juega en los equipos grandes de Europa'. Ramiro jugó 28 partidos en la temporada de los 31 que tuvo el equipo.

Rojas y Kranevitter fueron los más complicados para entender el juego. El Chino porque se había acostumbrado a jugar en una quintita al lado de Ledesma y el Tucumano porque andaba pensando en las valijas. A Rojas Gallardo le dijo que no le alcanzaba para ser tenido en cuenta si jugaba de ese modo. El reto fue un desafío para el volante. 'En dos semanas se convirtió en el que mejor entrenaba y el que mejor asimilaba conceptos, cuando agarró la titularidad fue el más estratega dentro del campo'. A Kranevitter Gallardo lo sentó una tarde y fue al grano: 'Escuchame, que carajos vas a hacer, si te rompes el culo jugás de titular te sobra condiciones, pero así como estás vas a comer banco'. El Colo se sintió tocado y en la segunda fecha la rompió.

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Con Mora y Sánchez el tema fue casi personal. Al delantero lo tenía visto de sus tiempos de DT en Uruguay y le gustaba, 'es picante, tiene feeling con la gente' le dijo a los dirigentes y pidió que lo traigan. Al volante lo tenía estudiado y sabía que sus condiciones físicas le caían perfectas. Pero Mora llegó con pubialgia y Sánchez achanchado de jugar de doble cinco en México. Doble laburo para el DT. Mora tardó dos fechas en acomodarse y Sánchez entendió todo en un amistoso que terminó 3-3 con Huracán.

Teo fue un tema aparte. Gallardo estaba ilusionado, sus condiciones técnicas eran exactas para el diseño del juego, sólo le preocupaba que no fuese un goleador nato. 'Yo voy a hablar con él, ustedes pónganlo al día con el tema económico', le dijo a Francescoli. Los dirigentes hicieron su parte y el DT se encerró en un cuarto con el colombiano. Teo miraba Europa, Gallardo le hizo ver que debía llegar hasta Ezeiza, pero al predio no al Aeropuerto. Lo encandiló, lo convenció, lo subió al tren de la victoria y Teo pagó con creces. Goleador de la temporada con momentos inolvidables.

Pero más allá de temas individuales hubo momentos definitivos. El partido con Central fue la clave. 'Hoy es el partido clave, el Monumental, nuestra gente, tienen que demostrar que pueden jugar como saben y como venimos trabajando', gritó Gallardo en el vestuario. El DT sabía que un mal resultado iba a generar dudas tras el empate en La Plata. Ese día, como hacía muchos años no pasaba, River fue un concierto de juego, toque, lujos y virtuosismo. La gente aplaudió de pie y Gallardo les dijo al final, 'vieron que podían, así hay que jugar para hacer historia'. La revolución estaba en marcha y ya nadie la detendría.

El equipo nunca perdió el sentido de juego a pesar de haber sufrido momentos complicados, con más momentos altos que bajos, Gallardo logró mantener al equipo en doble competencia hasta el final. River tuvo la baja de Barovero y la bancó, sufrió la lesión de Kranevitter y primero entre Guido Rodríguez y la levantada de Ponzio lo aguantó, padeció las fechas FIFA con las salidas de Teo y Sánchez y siguió peleando y por último estrujo hasta la última gota de un equipo corto y vaya si logró un final feliz para la historia.

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