Si bien llegó a San Lorenzo a principio de año y arrancó con un golazo exquisito en la Supercopa ante Boca, después se cayó. Tuvo destellos, no constancia. En el segundo semestre se transformó: se convirtió en un todoterreno, en un volante que juega en puntas de pie, maneja la pelota con categoría y le da fluidez al juego del Ciclón. Encima, a su buen nivel, le aportó gol: convirtió tres tantos en once juegos, un promedio interesante para un mediocampista.
Según datos de WyScout, una aplicación de bigdata utilizada por los equipos más importantes del mundo para estudiar rivales y partidos, Belluschi promedia 37 pases por partido y mantiene una precisión del 85%. La mitad de sus intervenciones en la cancha son para dar un último pase o finalizar la jugada. Eficaz desde afuera del área, elige la larga distancia para rematar al arco: el 66% de sus disparos salen de lejos de la zona del penal.
Ubicado como mediocampista por el centro, socio ideal de Néstor Ortigoza, también colabora en la parte defensiva. Intercepta tres pelotas por partido y, habitualmente, salen rápido, en velocidad. Y hasta se anima a los tiros libres, con un golazo contra Deportivo Guaira en la Copa Sudamericana.
A pesar de que por características no se asemeja a Dybala, Belluschi era una fija. Un punto para el fútbol argentino. Y una caricia para el jugador que, domingo a domingo, marca la diferencia.
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