En los últimos meses, el entrenador, que se despedirá de Racing luego del partido de este sábado ante Tigre, se fue debilitando en su rol de conductor prestándose a especulaciones institucionales y mediáticas que lo terminaron desenfocando y exponiendo ante los jugadores y los hinchas

Eduardo Coudet tendría que haberse desvinculado hace un par de meses de Racing. Exactamente cuando a fines de septiembre y comienzos de octubre le comentó al presidente de la Academia, Víctor Blanco y al manager, Diego Milito, su intención de abandonar el club (tiene contrato vigente hasta junio de 2020) para buscar otro destino profesional, que será a partir del año próximo el Inter de Porto Alegre.

Pero siguió Coudet dirigiendo a Racing y negando de forma sistemática ante la prensa lo que ya era muy evidente: su salida indeclinable del club de Avellaneda. Este episodio muy desafortunado de no confirmar lo que el ambiente del fútbol argentino descontaba, lo obligó una y otra vez a construir mentiras durante varias semanas. Hasta que no pudo mentir más. Y expresó que se iba, sosteniendo que la dirigencia le había pedido que no oficializara su renuncia.

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Este desgaste que por supuesto erosiona su credibilidad, tuvo sus consecuencias. El equipo sintió el golpe y se desmoronó. No tanto en el plano de los resultados obtenidos, pero sí en el juego. Racing se fue deshilachando en el desarrollo de la competencia. Perdió presencia, actitud positiva, volumen colectivo. Perdió, en definitiva, algo que lo había distinguido: una convicción reconocida para afrontar los partidos.

Esa convicción elogiable se terminó debilitando de manera notable. Y el Chacho Coudet no pudo mantenerse al margen de una dinámica desfavorable. El no obró bien, aunque se empeñe en señalar lo contrario. No cerró bien su historia en Racing. No concluyó con viento a favor. Enarboló demasiadas dudas a la hora de manifestar con claridad lo que quería hacer. Y aunque el sábado en Mar del Plata se consagré vencedor en el cruce frente a Tigre por el sobrecalificado Trofeo de los campeones de la Superliga, su imagen no tendrá el relieve que podría haber tenido, considerando que él equipo que condujo salió campeón en la temporada 2018-2019.

Por eso no extrañó verlo desencajado en las últimas presentaciones de Racing, victimizándose por los arbitrajes e incluso criticando a sus jugadores, como lo hizo después de la derrota por 1-0 ante Lanús, pidiéndole perdón a los hinchas por el pobrísimo desempeño del equipo: “Había muchas expectativas en la gente, pero lo que pasó fue una falta de respeto hacia el público. No me gustó nada. Fue un partido horrible. No hicimos nada de lo practicamos en la semana”.

Habría que explicarle a Coudet (admirador del Flaco Menotti, quien detesta que los técnicos para protegerse apunten a los futbolistas) que la catarsis que experimentó luego del encuentro tiene un solo significado en la aldea del fútbol: despojarse de responsabilidades y tirar debajo de un camión a los jugadores. Lo que un conductor nunca tiene que realizar ni aun en los peores momentos, aunque en ciertas circunstancias lo asalten estos pensamientos destructivos.

El descontrol verbal y emotivo de Coudet, fruto de su impotencia, nulo autocontrol y escasa reflexión en momentos complejos, no es nuevo. Ya lo puso en vidriera en otras oportunidades, como en las caídas muy categóricas que Racing padeció ante River por la Copa Libertadores y la Superliga.

Ese perfil típico de un entrenador que transfiere su frustración a las malas respuestas y decisiones ajenas, se fue radicalizando en los últimos meses, hasta desacomodarlo por completo, exponiendo su malestar.

Esta versión de Coudet, tan errático e intolerante, lo mostró desprotegido. Demasiado vulnerable. Y el plantel, sin dudas, lo habrá advertido. Como lo advirtió cualquiera que frecuente el fútbol. Es un síntoma que suelen acusar los técnicos cuando todavía no lograron dejar atrás su pasado como futbolistas en actividad. Y entonces, en situaciones que demandan serenidad y hasta silencio, no miden lo que declaran ni lo que hacen en la cancha.

Se confunden. La confusión es la que también lo llevó durante muchas semanas a negar su vínculo con el Inter mientras su despedida de Racing estaba asegurada hacia un par de meses. Esa interminable transición la pagaron Racing y Coudet. Y los daños colaterales sufridos trascienden hasta una victoria probable el sábado frente a Tigre.

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