La decisión del Banco francés de publicitar la marca en las dos camisetas más populares del fútbol argentino, data de un largo historial comercial.
A los ojos, lo del BBVA Francés estampado en el pecho de la Nike de Boca y en la próxima Adidas de River suena a copia de lo que hizo Fate en las tres tiras que tenían ambos de 1985 a 1989, similar a la estrategia de la por entonces Sevel de los Macri, que entre el ‘89 y el ‘91 le puso una más paqueta Peugeot a la camiseta de la banda y su otra marca de autos más masiva (Fiat) en el medio del pecho amarillo de los de la Ribera; o tal vez se parece a la más reciente incursión de Quilmes maridando espumita con las tres tiras millonarias y la pipa xeneize entre 1996 y 2001. Suena igual lo que hará el banco de capitales españoles desde julio, cuando expire el contrato de Petrobras con los de Núñez. Sin embargo, parecido no es lo mismo cuando uno pone bajo la lupa lo que motivó que la entidad financiera buscara llegar a los dos pechos más importantes del fútbol en la Argentina.
BBVA es la abreviatura del Banco Bilbao Viscaya cuando se fusionó con el Argentaria en 1999, y es una de las entidades financieras más grandes del mundo. Optó por posicionar su nombre en el deporte, primero con el patrocinio de las dos principales ligas de fútbol de España (Liga BBVA de primera división, y Liga Adelante la que sería equivalente a nuestra B (Nacional), y lo consolidó como patrocinador de la NBA, para hacer pata ancha tanto en el mercado estadounidense como en los ojos de los televidentes que ven en todo el mundo a los galácticos de la pelotita naranja.
Para encontrar la respuesta del por qué Boca y River en vez de ponerle el paraguas de su marca al torneo, como hace en el balompié español y el baloncesto norteamericano, es necesario hacer una foto panorámica de todos los patrocinios de la institución financiera cuya casa central mira la Plaza de Mayo. Esa panorámica la explicó Ricardo Enrique Moreno. “Nuestra estrategia es estar en el disfrute de nuestro cliente”, dijo el Director Ejecutivo del BBVA Francés en la reunión de fin de año con la prensa.
Para decodificar esa estrategia hay que remitirse a 2010, cuando por un lado el BBVA Francés desplazó a su superclásico, el Santander Río, como banco exclusivo de la tarjeta LANPASS de la línea aérea LAN y, por otro, remplazó al Citi como banco en la mayoría de los shows que realiza T4f, la compañía de entretenimiento en vivo líder en facturación y cantidad de espectáculos organizados en América del Sur, que cuenta con oficinas en Brasil, Argentina y Chile, y a su vez opera en toda la región incluyendo a Uruguay y Paraguay.
Para entender la lógica empresarial del BBVA Francés en el pecho de Boca y River (¿será BBVA a secas lo que dirán las camisetas a partir del próximo torneo?) hay que pensar, como dijo aquella vez el pope del banco entre burbujas de festejo, que disfrute de los clientes significa toparse con ellos cuando viaja (LANPASS), cuando se entretiene (el próximo concierto de Madonna lo organiza T4f, por dar un ejemplo) o cada vez que va a la Bombonera o el Monumental. Incluso, no es de extrañar que con la vigente Tarjeta Xeneize o con el futuro plástico Millonario se sume puntos para subirse a un avión o se obtenga el permiso para ir al césped en algún concierto. Fate rompió el molde en su momento; Sevel y Quilmes lo continuaron, y ahora los del Banco Bilbao Viscaya Argentaria lo consolidan en una sigla (BBVA) que apuesta a entretener más que a lograr visibilidad en segundos de tele o centímetros de columna.
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