En las quintas se ofrece alcohol, drogas y hasta habitaciones para tener sexo. Las recaudaciones son millonarias, no hay controles y se evaden impuestos. Es un negocio narco y de empresarios de la noche.

Se calcula que cada semana se realizan unas 1.500 fiestas ilegales en territorio argentino, en espacios que mayormente se alquilan por empresarios “fantasma” y que logran recaudaciones millonarias, ya que evaden impuestos y todo tipo de controles. De esa manera, la venta de alcohol y drogas se realiza de manera impune. “Se trata de un fenómeno creciente. Los meses de enero y febrero de este año van a cerrar con alrededor de 12 mil fiestas con estas características”, denunció Claudio Izaguirre, titular de la Asociación Antidrogas de la República Argentina (AARA).

“Las fiestas clandestinas no paran de crecer en Argentina. Se trata de un negocio de grupos narcos y empresarios de la noche, que suman a sus actividades legales en boliches. Calculamos que este 2018 comienza con un crecimiento importante de esta actividad ilegal. Lo que estamos pidiendo es que se enfoquen las investigaciones en las redes sociales, porque allí se promocionan con total impunidad”, dijo Izaguirre.

En el marco de esta problemática, el especialista explicó que “las personas responsables de esta actividad paralela, en general alquilan quintas algo alejadas de los centros poblados, y los asistentes, que no tienen restricciones de edad, son transportados en micros desde espacios fijados previamente”.

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“Los asistentes no saben dónde van, mucho menos sus parientes. Esto es un clásico. Hay que repetirlo: no saben ellos, ni sus padres. Hay casos de chicos de muy corta edad que debieron ser hospitalizados por severas intoxicaciones. Hablamos de niños de 13 o 14 años. Pasan a las quintas porque nadie controla. Lo único que les importa es la recaudación. Además de la entrada, que incluye el traslado, se comercializa muchísimo alcohol y drogas de todo tipo”, señaló el titular de AARA.

Por el seguimiento de causas judiciales por episodios dramáticos ocurridos en fiestas ilegales, se sabe que las convocatorias se llevan a cabo a través de las redes sociales, principalmente WhatsApp, Facebook, Instagram y otras similares. “Actualmente, una entrada promedio está en el orden de los 250 pesos. Luego, la recaudación suma lo que se vende por bebidas alcohólicas, drogas en sus distintas presentaciones y hasta habitaciones para mantener relaciones sexuales. Todo es negocio”, señaló Izaguirre.

Un dato clave, de acuerdo al experto, es que “los responsables saben que hay riesgos extremos, porque los chicos se pueden intoxicar, y en ese estado tener problemas de salud por diversas causas, entonces contratan a patovicas, que a veces resuelven situaciones violentas, pero en otras ocasiones las empeoran”, precisando que “todo es parte del mismo negocio, que se cuida, pero hasta un límite, porque el objetivo principal es recaudar lo más posible, sabiendo que no hay impuestos por pagar, entonces todo es ganancia para los mafiosos”.

“Hay fiestas que llegan a meter 10.000 personas. No es cuento, sino un dato de la realidad. Las autoridades tienen que lograr frenar estas fiestas, que se realizan de norte a sur del país, con infinidad de consecuencias, porque los asistentes consumen bebidas y drogas, que les provocan gravísimos daños a su salud. Incluso, hay casos fatales”, cerró Izaguirre.

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