El cultivo de frutas y verduras en terrazas, patrios, jardines y azoteas es un fenómeno que crece y se potenció durante la pandemia.

La huertas urbanas constituyen un fenómeno que crece en distintas ciudades, y Buenos Aires no es la excepción.

Como una forma de ejercer la soberanía alimentaria, cientos de personas en Capital Federal y sus alrededores acondicionaron espacios sin uso de sus viviendas, como terrazas, patios, jardines o azoteas para el cultivo de frutas y verduras y poder así alimentar a sus familias gastando poco dinero y sin usar agroquímicos.

"Se producen de 500 a 600 kilos de verdura de hoja, solamente entre el otoño y el invierno. En verano se triplica, porque el volumen de una berenjena, un zapallo o un zapallito, es mucho más grande. Una familia tipo se puede alimentar sin ningún inconveniente", asegura Carlos Briganti, referente del colectivo El Reciclador Urbano, entrevistado por RT.

Según Briganti, la clave para instalar una huerta en la ciudad está en reutilizar materiales desechados, siendo los neumáticos de autos ideales para la tarea: "Les ponemos tierra y generamos un contenedor. Estas ruedas tardan 600 años en degradarse. Sacá la cuenta del pasivo ambiental que generan estas grandes empresas. No hay una sociedad en el mundo que no descarte cubiertas".

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Esta tendencia autocultivadora que se potenció durante la pandemia de coronavirus es destacada por varios especialistas, ya que no solo reduce costos y evita la dependencia de terceros, sino que, a su vez, el generar alimentos de cercanía evita que medios de transporte trasladen la producción y contaminen el ambiente al hacerlo.

"La solución no es irse al campo, la resistencia se hace dentro de la ciudad", sostiene Briganti.

Y concluye: "Si millones de personas empiezan a producir su alimento, chau, se termina el conflicto. Y se acaba el negocio. Aunque me digan que con una huertita no vamos a salvar a la humanidad, yo creo que sí. Una, diez, miles, salvan a la humanidad. Es una manera de entender otro mundo posible, dentro de la urbanidad. No es volver a la época de piedra. Hoy sabemos que la agroecología está en condiciones de abastecer y competir con el paquete tecnológico. Produce la misma cantidad, sin gastar un solo peso. Nos han metido en la cabeza que necesitamos tecnología para producir alimentos, cuando lo único que precisás es escarbar la tierra y poner una semilla. Esto es una revolución silenciosa".

Informe, RT.

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