Para Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad, a las carencias estructurales de los geriátricos se les suma la fragilidad en la atención que provoca la pandemia. Cuestionó que los familiares no puedan acercarse.

A la fragilidad estructural de los geriátricos se suman dramáticamente los efectos de la pandemia en esas instituciones: hay escasez de personal, que con el licenciamiento obligatorio (por embarazo, enfermedades prevalentes, entre otros) disminuye todavía un 40 % más, la calificación de ese personal es baja y los elementos de protección no son los adecuados.

A esto hay que sumarle que por el blindaje impuesto a los geriátricos, los familiares no pueden acercarse a visitar a sus viejos. "Esto tiene una implicancia muy clara, ya que estos familiares constituyen una rueda de auxilio en la atención de los ancianos", señaló a DIARIO POPULAR Eugenio Semino, Defensor de la Tercera Edad.

El funcionario explicó, por ejemplo, que en el caso de los pacientes postrados la ingesta de alimentos demanda maniobras complejas y mucho tiempo. Lo que para una persona en pleno dominio de sus condiciones motrices requiere unos minutos, para un anciano postrado puede llevar hasta media hora.

"En esas condiciones, los familiares cumplen una tarea muy necesaria que en estos momentos no están pudiendo brindar. Todo eso sobrecarga enormemente la tarea del personal de los geriátricos que encima está disminuido en su número por el licenciamiento", consideró.

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El resultado es que comienza a fragilizarse la atención y "el que padece es el más frágil", sintetizó Semino. En ese contexto, el personal se ve desbordado y las tareas de atención se resienten. En lugar de cambiar los pañales cuatro veces se lo hace en dos , y la consecuencia son las escaras.

Además, hay que tener en cuenta que "se trata de personal que está mal pago y que viaja mucho. Por lo general son mujeres que vienen del segundo y tercer cordón del Conurbano, con lo cual se produce una doble vía de contagio: o porque trae el virus desde afuera o porque lo lleva desde el geriátrico".

Semino consideró: "No hay experiencia de trabajo en estas condiciones y la tarea la lleva adelante como pueden personas con baja calificación profesional, provistos con insumos no protectivos, ropa sucia de excrementos y orín. Todo esto sumado crea un ambiente de gran vulnerabilidad que facilita el contagio en esas instituciones".

El Defensor de la Tercera Edad reclamó "la provisión de insumos de protección, la realización de más testeos entre el personal y los residentes. La diferencia entre España y Alemania es que en el primero no se testeó y en el segundo se testeó al 100% de los integrantes de esas comunidades con los resultados que ya conocemos. Nosotros no somos Alemania, porque no tenemos esa plata. Pero tenemos que seguir ese modelo para mejorar la detección precoz".

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