Una pandemia de dimensiones globales ha puesto en jaque paradigmas filosóficos, ideologías políticas y diversas creencias

Una pandemia de dimensiones globales ha puesto en jaque paradigmas filosóficos, ideologías políticas y diversas creencias.

A pesar de esto, un pastor logra vender su alcohol en gel bendecido con nardo puro por la suma de mil pesos, aprovechándose de la desdicha de sus espiritualmente estafados seguidores. Algún otro gurú de novedosa ideología new age libertaria intenta vender su propio “Dios del mercado que todo lo resuelve”.

¿Pero qué sucedería si hiciéramos el ejercicio de la duda sobre las decisiones de los científicos y los especialistas en beneficio de prejuicios ideológicos, creencias y/o supersticiones? Todas amañadas por oportunistas y charlatanes. El fenómeno de las sectas es observado con cierta pasividad por parte de la justicia de los países occidentales. Cubiertas por un halo místico de oscurantismo, quizá porque estos grupos han logrado escalar en sus vínculos con las pirámides del poder.

La peligrosidad del accionar de estos grupos puede variar sus niveles de aberración, desde el simple adoctrinamiento fanático en supersticiones y creencias delirantes, hasta la explotación o el trabajo esclavizado para financiar las actividades de la propia secta. En los casos más extremos, llega a existir abuso sexual, violencia física o comercio sexual de menores.

Sin embargo, en la situación de crisis sanitaria actual, el peligro latente de estos grupos es el anti cientificismo de sus postulados, y su contraposición a los sistemas médicos y de salud convencionales.

Hacia principios de los años noventa, un movimiento religioso conocido como Falun gong fue creado en China por Li Hong Zhi, un simple empleado de una empresa de suministros de la ciudad de Chang Chun, sobre el cual circulan muchos rumores.

Y es que muchos de los que le conocieron como un simple empleado no entienden de dónde sacó el tiempo para desarrollar la meteórica carrera espiritual que él mismo argumenta en su biografía, y que culmina con el supuesto dominio de toda clase de poderes sobrenaturales, como la invisibilidad o la levitación, hasta una exageradísima omnisciencia.

Sin embargo y a pesar de esto, lo que comenzó como una escuela más de ejercicios de qi gong, terminó evolucionando en una religión salvífica dirigida por un líder carismático, y convirtiéndose en un movimiento con millones de seguidores e injerencia en la clase política de China. Tarde o temprano exigiría el reconocimiento del estado como religión formal, al igual que las cinco grandes religiones aceptadas por el gobierno chino, a saberse;

Taoísmo, Budismo, islam, Cristianismo y protestantismo.

En el año 1999, debido a conflictos generados por manifestaciones masivas por parte de Falun gong en Beijing, el gobierno chino prohíbe la práctica y/o la promoción de dicho movimiento. Una movilización de miles de personas se había producido a espaldas del gobierno chino mediante una organización que incluía también miembros del Partido, lo cual significaba un intento de desestabilización desde dentro, según la tradición de las antiguas sociedades secretas de la historia china.

A partir de este hecho, los líderes del movimiento - ya emigrados a los Estados Unidos- reorganizan todo el accionar de sus cuadros en pos de un proselitismo en contra del Partido Comunista Chino.

Los motivos de la prohibición de Falun Gong por parte del gobierno chino son diversos, así también como los argumentos de Falun Gong en contra del mismo gobierno, pero uno de los elementos acusatorios que recae sobre Falun Gong y sobre el mismo Li Hong Zhi (además del de falsificar su historial personal construyéndose un pasado extraordinario; propagar ideas heréticas y falacias; manipular mentalmente a sus seguidores; utilizar Falun Gong para el enriquecimiento personal; y delitos de evasión fiscal y lavado de dinero) es el de exponer una doctrina pseudocientífica contraria a los sistemas de salud convencionales y llevar a sus seguidores a abandonar tratamientos médicos. Esto habría resultado en la muerte de muchos de sus seguidores.

En el libro “Falun Gong” del mismo Li Hong Zhi, se pueden leer argumentos como; “Un médico de la escuela occidental trata enfermedades utilizando métodos de la sociedad humana común. Aunque utilice medios como análisis químicos, solo puede ver los focos de la enfermedad en esta dimensión, y no puede ver los mensajes en otras dimensiones ni la causa real de la enfermedad”; o “Los adeptos de Falun Gong pueden recuperar la conciencia de sus migraciones pasadas y sus vidas paralelas, adquirir poderes mágicos y curar enfermedades”.

Incluso hoy en día, aún pueden verse en China circular billetes de yuan (moneda corriente en China) con inscripciones de bolígrafo como; “Falun Gong es bueno, la verdad y la compasión son buenos, cuando llegue la enfermedad tu vida quedará protegida por los cuerpos espirituales del maestro”

Este dislate llevó a qué en el momento de la prohibición, ya se contarán por miles el número de personas fallecidas o gravemente perjudicadas por abandonar tratamientos o por rehusar acudir a atención médica básica.

Uno de los más dramáticos eventos en el desarrollo de este conflicto fue la autoinmolación de cinco practicantes – que incluía una niña de doce años y su madre- el 23 de enero de 2001, en la plaza Tiananmen.

Ahora bien, se puede debatir sobre el accionar del gobierno chino y la persecución hacia los líderes y seguidores de este movimiento, así también como sobre las características malignas de Falun Gong tanto dentro como fuera de China.

Supongamos que el gobierno chino hubiese dado vía libre a la práctica de este tipo de supersticiones, que hubieran logrado reunir millones de seguidores y hoy día en el medio de una pandemia de dimensiones globales, un gran número de estas personas se rehusaran a acudir a los servicios médicos establecidos. Es terrible imaginar siquiera lo que esto representaría para la humanidad en su totalidad.

Veinte años después de la prohibición de Falun Gong por parte del gobierno chino, y a la luz de una situación inédita en la humanidad de los últimos años, quizá haya que darle el reconocimiento al gobierno chino por haber accionado a tiempo ante tal amenaza para las sociedades de China y del resto del mundo.

China ha sido protagonista indiscutible en la actual crisis sanitaria, demostrando al mundo su capacidad para controlarla. Según el director general de la OMS, TedrosAdhanomGhebreyesus, China toma medidas serias en el epicentro, en la fuente, las cuales no solo protegen al pueblo chino, sino que también evitan la propagación del virus a otros países. Si no fuera por estos esfuerzos, el número de casos fuera de China hubiera sido mucho mayor.

La doctrina fantástico esotérica de oriente, o “La biblia y el Calefón” de más acá, y una crisis sanitaria global equiparable solo a la de la Gripe Española de 1918.

La amenaza emergiendo como desde una película de ciencia ficción y las decisiones de un estado como núcleo organizador del orden social, político y económico rebelándose como la opción más sólida para dar respuesta, contención y seguridad a las poblaciones del mundo.

Mientras: pseudociencias, peligrosas excentricidades místicas, y utopías cuasi religiosas de un dios de ausencia de estado, se desmoronan ante lo inminente, los datos concretos. La vida o la muerte. La realidad.

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