Eugenio y Paula nacieron en Asunción, pero se conocieron y se casaron en Buenos Aires. Hace 64 años que están juntos, y entre ambos lucharon para hacer realidad una vida más digna en el barrio Villa Esperanza, en José León Suárez.

La vida, parafraseando la recordada canción del panameño Rubén Blades, suele dar sorpresas en las circunstancias menos pensadas. Seguramente, Eugenio y Paula deben haber sentido esto cuando se conocieron en Buenos Aires, al poco tiempo se casaron, y ya llevan 64 años compartiendo un camino a varios kilómetros de su país, Paraguay.

Y es que tanto Eugenio Grance (82) como Paula López (80) nacieron en Asunción y por motivos familiares, llegaron a la Argentina sin tener ambos idea de la existencia del otro. Hasta que en una reunión de la colectividad paraguaya comenzaron a hablar y atando cabos, concluyeron que se habían criado en el mismo barrio Pinosá, aunque con algunas cuadras de distancia y un puente que los separaba.

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Hoy, esta pareja muestra un entusiasmo y una vitalidad especial tanto para cuidar su jardín en la entrada de su modesta pero cálida casa, en el barrio Villa Esperanza, de José León Suárez, en el noroeste del Conurbano, como para emprender actividades solidarias en el barrio donde viven hace casi 60 años, y comentan cómo pudieron, con esfuerzo, contribuir a que una zona con muchas carencias lograra avanzar para beneficio de sus habitantes.

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Rompiendo el fuego, Paula comenta que “yo vine a Buenos Aires con mi mamá a los 15 años, a visitar a mi hermana, que junto a su marido y su nena se habían venido años antes caminando desde Asunción, y se radicaron en Lanús” y aclara que “me gustó el lugar, comencé a trabajar y ya me radiqué, aunque siempre que puedo vuelvo a mi país”.

En tanto, Eugenio, quien además de ser albañil y profesor de Educación Fisica fue jugador de fútbol en Bahía Blanca y director técnico de juveniles en el club Guaraní, de Asunción, teniendo a su cargo a figuras como nada menos que José Luis Chilavert, relata que “en mi caso vine con mi mamá y mi hermano a los siete años, que vino a trabajar, y viví mucho tiempo frente a plaza Congreso”.

Con orgullo, ambos hablan de su único hijo, que hace varios años se radicó en Asunción, donde trabaja en negocios inmobiliarios y reciclaje de casas viejas y de sus cuatro nietos, “todos profesionales, y un par de ellos dedicados al cine y al ballet la más chica”.

Para ambos, que llevaron toda una vida de lucha, es importante recordar cómo era el entonces barrio Corea (lo llamaban así en época de la guerra de las dos Coreas, cuando se ironizaba por las peleas de una comunidad correntina que vivía en la zona) cuando ellos llegaron. Eugenio explica que “nos vinimos a esta casa - en la calle 39, a metros de Garibaldi- que era de mi mamá, y que vivió varios años con nosotros, y ahí empezamos a ver las carencias del barrio, y nos propusimos hacer algo para que esto cambiara”.

Mientras Paula trabajaba como empleada en casas de familia, pero también hacía tareas en su hogar, Eugenio se desempeñaba como albañil y esto le permitió ayudar en obras de refacción en la zona. Señala que “en aquellos años, fines de los 50, no había pavimento, y las casas eran muy precarias. Una vez vino de visita al barrio el entonces gobernador, el doctor Oscar Alende, una persona muy honesta, y nos propuso darnos fondos para construir el barrio casi a nuevo, y devolver esa suma de a poco, previo formar una cooperativa”.

Cuenta Eugenio que “compramos 56 mil metros de tierra, y por sugerencia de un vecino, que hizo una canción alusiva, el barrio se llamó Villa Esperanza”, mientras Paula agrega que “siempre intentamos mejorar en todo, ahora queremos pintar las paredes exteriores del Centro de Salud, ya que este es nuestro lugar y el de todos los vecinos”.

El Centro de Salud, su obra más preciada

El Centro de Salud 10, que se alza donde antes hubo una plaza, ahora trasladada a una cuadra contigua, está justo frente a la casa de los Grance, y según explican, cuenta con una veintena de muy buenos profesionales, “como el doctor José Zicari y muchos más, que han pasado a ser como nuestra familia, y son visita habitual en nuestra casa”.

Eugenio, que durante unos años trabajó en la compañía Sudamericana de Fósforos, explica que “al comprar la tierra se armó la cooperativa, y yo mismo les cobraba un peso a cada una de las familias que querían edificar en la zona, pero como no todos quisieron quedarse o no creían en este proyecto, quedaron sólo 169 familias. Así, además de edificar, contratamos las obras de pavimento e iluminación, las cañerías de gas y agua, levantamos el Centro de Salud y en un tiempo el barrio mostró otra cara”. Tras aclarar que “todo lo pudimos hacer incluso sin apoyo municipal, desde ya necesitariamos más ayuda”, Eugenio resalta que “hoy viven acá unas 3 mil familias, estamos a pocas cuadras de la estación de tren, pero tratamos de generar actividades que ayuden a los más jóvenes a estar más contenidos y evitar caer en la droga”.

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Una carrera de técnico en Paraguay

dDurante más de cinco años, el matrimonio Grance vivió en Asunción, cuando se mudaron al fallecer la madre de Paula. En esos años, Eugenio, que ya había tenido en Bahía Blanca un paso por el fútbol argentino, defendiendo con la camiseta 5 a Juventud Unida de Algarrobo, pudo desarrollar y vivir una etapa destacada como director técnico de las inferiores de Guaraní (foto), una de las entidades más importantes del fútbol paraguayo.

Como profesor de educación física, Eugenio fue además entrenador de handball y voley, pero como titular de la escuela de fútbol de Guaraní dirigió, entre otros futuros cracks, a los hermanos José Luis y Rolando Chilavert, y aún recuerda a su padre, “que era DT de Sportivo Luqueño, donde se inició el “Chila’”, y fue además asistente del DT de la selección mayor, Cayetano Ré.

Además de ser presidente y secretario de la Asociación de Técnicos en su país, participó como dirigente en las eliminatorias del Mundial ‘86 y remarca que “en Lima conocí y me hice amigo de Diego Maradona, fue cuando en el partido contra Perú, donde fui veedor, Reyna no lo dejó mover y lo marcó por toda la cancha”.

Por razones deportivas, Eugenio también viajó a Chile y otros países de América, y también cumplió distintas funciones y pasantías técnicas en Independiente y Ferro, y rescata de su exitoso paso por el fútbol a figuras como Pastoriza, Bochini, el profesor Kenny, Carlos Griguol, Roberto Cabañas, Adolfino Cañete y el recordado defensor de Boca en los ‘60, Orlando.

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