Atrapado desde su infancia por ese mundo donde confluyen fantasía e ilusión, Adrián Guerra se convirtió en un verdadero profesional de la magia, un arte milenario que siempre guarda algún nuevo secreto en la galera de los sueños.

Desde chicos, todos apostamos a las ilusiones, y de algún modo, a la magia de que algo que no nos gusta sea diferente, y se transforme en otra realidad. Por eso, la atracción que desde la antigüedad generaron los magos es inherente al ser humano, ya que nos hacían ver esa otra realidad donde casi todo es posible.

Quizás sin pensarlo racionalmente, pero llevado por este espíritu de la ilusión, Adrián Guerra (48), mago de profesión y por vocación, descubrió a los 9 años que transportar a la gente a ese universo paralelo era lo que le gustaba hacer, y persistió en ese camino que hoy lo tiene como uno de los exponentes más originales en ese ámbito donde se mezclan lo real y la fantasía.

Presidente del Circulo Mágico Argentino, una entidad con más de 80 años, y creador de la primera Escuela de Magia que hubo en el país, Adrián conoció a muchos de los principales magos e ilusionistas de la Argentina, y de ellos también aprendió esos secretos que no se cuentan a nadie, en un pacto tácito entre quienes se dedican a este verdadero arte de la ilusión.

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Nacido en la ciudad de Quilmes, y padre de una hija de 13 años que, asegura “es mi mayor crítica pero está orgullosa de mí”, Adrián rememora que “tenía 9 años y les pedía a mi viejo y a mi abuelo que me compraran las cajas de magia que había entonces, y casi como en un juego, en los intermedios del fútbol barrial, hacía mis primeros números de magia entre familiares y amigos”.

Adrián señala que cuando comenzó este camino, no era tan fácil conseguir material para practicar y encontrar nuevos números de magia. Dice que “me hice socio de la Biblioteca de Bernal, y siempre con un amigo sacábamos cinco libros que eran los únicos que había, y contenían todo lo que uno podía aprender en este oficio”.

Y como todo aprendiz, tuvo su padrino de iniciación y orientación, que fue Horacio Martínez, un amigo de su padre, que sabía mucho del tema, se hacía llamar Mahatma Gum, había trabajado en varios circos importantes como el Orfei y el Rodas ,y lo instruyó en los “primeros palotes” del ilusionismo.

Pronto, Adrián Guerra empezó a interesarse especialmente por los juegos con naipes, la llamada cartomagia. En un viejo bazar de pleno centro, cerca de la escuela que tenía el gran Fu Man Chu, mago consular en nuestro país, conseguía numerosos elementos para ir ensayando trucos y pases de magia.

El debut de Adrián en materia de magia fue muy precoz: a los 13 años. Comenta entre sonrisas que “armé una rutina y animé una fiesta infantil, lo gracioso era que yo tenía 13 y la que cumplía años era una nena de 10, casi contemporáneos éramos”.

A la hora de hablar de sus ídolos y referentes, Adrián no duda en mencionar a René Lavand, el hombre que hacía las delicias de lo mágico sólo con su mano izquierda, y que falleció hace pocos años. Señala que “fue mi profesor también, y luego nos hicimos muy amigos, y fue para mí un gran consejero”.

Guerra suele decir con humor que “hago magia para subsistir, es literal, pero además desde que me inicié traté de abrir nuevas opciones, como unir la magia y el humor, inventar personajes, unir la música y la danza, y fui pionero en acercar esta disciplina a bares, restaurantes, o discoteques”.

Adrián asegura que la actividad creció mucho en los últimos 20 años, y remarca que “mi pareja, Yamila Asero, también es mi colaboradora, pero aparte es una artista completa, ya que canta, baila y actúa muy bien, y en algunos números es la ‘víctima’ a la cual uno corta al medio, para luego salir entera y cantando sin ningún problema”.

Entre los planes de Adrián figura un proyecto solidario para Villa Itatí en Quilmes. “La idea es ir hacia los chicos y los adolescentes, allí hay muchas carencias, y la magia genera cosas, te ayuda a salir del delito y la droga, y eleva tu autoestima, por eso hago muchos talleres, tanto en la Ciudad como en la provincia”.

Su mayor logro: Campeón Mundial de Magia

Sin dudas, el logro más alto en la carrera de Adrián Guerra fue en 1994, cuando se consagró Campeón Mundial de Magia en la categoría Cartomagia en Japón. Señala que “allí compitieron varias especialidades, éramos pocos argentinos, y yo antes había ganado tres premios en concursos de Latinoamérica, pero esta fue una experiencia inolvidable, ya que congregó a 3 mil personas”.

Detalla que “por suerte, el Concejo Deliberante de entonces me concedió un subsidio para mi viaje, tuve un apoyo casi unánime, les respondí con este premio, y recuerdo que fui tapa de varios diarios en ese momento”.

Destaca que “este torneo se hizo en la ciudad de Yokohama, a media hora de Tokio, y duró unos 5 días, se hacía todo tipo de competencias, y lo disfruté mucho. Además, fui el primer latinoamericano que ganó en un Mundial de magia”.

Este logro fue para Adrián un gran espaldarazo. “Esto me ayudó - destaca - a desarrollar con más impetu mi carrera, hice teatro unipersonal, y armé espectáculos como “Palabras Mágicas”, “Metamorfosis” y “Secretos de guerra”, donde uní el humor y el teatro con la magia, Metamorfosis era un delirio, me disfrazaba de distintos personajes, muy bizarros algunos, y tuve mucho éxito”.

Luego de destacar que formó parte del show aniversario de los 100 años en el tratro Maipo, junto a Antonio Gasalla y otras figuras, Guerra también ostenta otro hito: es el único mago que actuó en el Teatro Colón, en 2001, en el espectáculo Variete‘, que dirigió Mauricio Kagel.

La escuela, uno de sus orgullos

La pregunta fatal para todo mago e ilusionista es acerca de si tuvieron fallas y errores en algún show. Adrián asegura que “muchas, todos los días, además lo nuestro es prueba y error hasta que afianzás el número” y aclara que “yo suelo hacer charlas para magos y estudiantes, y enfatizo en lo importante de tener un Plan B, la salida, sacar un as de la manga por si falla algo”.

Remarca que “yo llegué a tener planeadas 20 rutinas de salida, si algo se complica, en el show, no te pesca in fraganti, lo arreglás rápido, y a veces la salida es muy efectiva, y si hago humor, la gente no sabe si salió mal o estoy haciendo un chiste”.

Uno de los orgullos de Adrián es la Escuela de Magia creada en 1995, destaca que “estuvimos en distintas sedes, por ahora seguimos en Palermo, pero pronto nos iremos al barrio de Devoto, zona donde vivo y donde hay mucha gente interesada”.

Guerra calcula que “hoy tengo unos 60 alumnos, hay desde chicos hasta adultos de todas las edades, y muchas chicas también se han empezado a dedicar a esto”, e invita a quien quiera conectarse a ver al link www.adrianguerramagia.com.

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