Romina Atencio es coach y mentora de mujeres y parejas. Para cualquier consulta, comunicarse al correo electrónico [email protected]. Instagram: @diosalmica. YouTube: @rominaatenciocoaching.
Hay una edad en la que algo empieza a cambiar. No necesariamente ocurre algo dramático. No hay una fecha exacta ni un acontecimiento que marque un antes y un después. Simplemente, un día te descubrís preguntándote: ¿Esto es todo?
Tenés una vida. Quizás una familia, un trabajo, responsabilidades, proyectos. Conseguiste muchas de las cosas que alguna vez deseaste. Y, sin embargo, hay algo que no termina de encajar.
Sentís que podrías estar haciendo otra cosa. Que hay una parte de vos que todavía no estás escuchando. Que tu vida podría tener otro sentido. Pero no sabés cuál. Y entonces aparece la confusión. No sé qué quiero. No sé por dónde empezar. No sé si estoy tomando la decisión correcta. Tengo miedo de equivocarme. Quiero cambiar, pero no sé qué cambiar. Y cuanto más pensás, más dudas aparecen.
Después de los 35 años, muchas mujeres empiezan a hacerse preguntas diferentes. Durante muchos años aprendemos a construir nuestra vida alrededor de lo que se espera de nosotras: Estudiar. Trabajar. Formar una pareja. Tener hijos o no tenerlos. Ser buenas madres, buenas profesionales, buenas hijas, buenas amigas.
Aprendemos a cumplir. A sostener. A resolver. A estar para todos. Y muchas veces, en medio de todo eso, dejamos para después una pregunta fundamental: ¿Qué quiero yo?
Hasta que llega un momento en que ese “después” ya no alcanza. Lo que antes parecía suficiente empieza a sentirse vacío. Lo que antes tolerabas comienza a incomodarte.
Algunas relaciones dejan de tener sentido. Algunos trabajos empiezan a pesar. Algunos sueños que habías postergado vuelven a aparecer. Y aparece una sensación difícil de explicar: “Siento que la vida tiene que ser algo más que esto”. No necesariamente significa que tengas que abandonar todo. No significa que tu vida esté mal.
El problema es que encontrar respuestas no siempre es sencillo. Porque cuando llevamos mucho tiempo funcionando en automático, podemos perder contacto con nuestra propia voz. Confundimos miedo con intuición. Confundimos deseo con obligación. Confundimos lo que queremos con lo que creemos que deberíamos querer. Y terminamos paralizadas frente a decisiones que, en el fondo, sabemos que necesitamos tomar.
Por eso, a veces, no necesitamos que alguien nos diga qué hacer. Necesitamos un espacio para poder escucharnos. Un espacio donde bajar el ruido, mirar nuestra historia, reconocer aquello que estamos repitiendo y abrirnos a nuevas posibilidades. Ahí es donde pueden aparecer los Registros Akáshicos.
Una lectura de Registros puede convertirse en una herramienta de exploración interior. No para que alguien decida por vos. No para que te diga exactamente qué va a suceder. Y mucho menos para entregarte respuestas mágicas que te permitan evitar tus propias decisiones, sino para abrir preguntas, observar patrones, reconocer bloqueos y conectar con una mirada diferente sobre aquello que estás atravesando.
Romina Atencio
En mis sesiones trabajo como lectora de Registros Akáshicos y, al mismo tiempo, como acompañante de mujeres que están atravesando momentos de búsqueda, cambios y redefinición personal. Porque para mí, una sesión no termina cuando aparecen las respuestas. Ahí empieza una parte fundamental del proceso:
Si sentís que estás atravesando ese momento, si hay una decisión que no podés tomar, si sentís que tu vida podría tener otro sentido pero no sabés cómo encontrarlo, podemos trabajar juntas.
En mis sesiones abrimos un espacio para mirar lo que hoy necesitás comprender y comenzar a transformar esa búsqueda en claridad y acción.
No tenés que tener todas las respuestas para empezar. A veces, sólo necesitás animarte a hacer la primera pregunta.
¿Qué hay detrás de este “quiero algo más”?
Y quizás, ahí, empiece tu verdadero camino. Si sentís el llamado, escribime al WhatsApp (15-6016-5378) y comencemos. Te espero.
Con amor: Romi.
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