El autor visitó la ciudad que, según el Antiguo Testamento, fue destruida por Dios como castigo por su maldad. El análisis de un caso que intriga a la Humanidad desde hace siglos.
Se encuentra fuera de las habituales rutas que frecuentan los turistas que visitan Israel. Un cartel, a la vera de la solitaria ruta rodeada de desierto, nos informa que hemos llegado al Monte Sodom.
Es el momento de descender del auto y, a pie, comenzar a escalar. Caminar por estas regiones donde, según se afirma, estuvieron Sodoma y Gomorra. El recorrido es algo que puede hacerse tranquilo, sin apuros, libres para caminar, asombrarnos, investigar, tomar fotografías… y sentarnos a fin de admirar esas extrañas formaciones pétreas preguntándonos ¿qué pudo haber provocado este singular paisaje de devastación absoluta?
En el Antiguo Testamento; más precisamente en Génesis (19: 24-25), leemos: “Entonces el Señor hizo llover desde los cielos azufre y fuego de parte del Señor sobre Sodoma y Gomorra. Y trastornó aquellas ciudades, toda la llanura con todos los habitantes de las ciudades y las plantas de la tierra.”
Toda la región fue devastada en breve lapso, la mujer de Lot quedó convertida en estatua de sal así como él y los que Jehová consideró justos, pudieron huir sin dificultades.
Antes de continuar, situémonos geográficamente. Sodoma y Gomorra estuvieron erigidas en el Valle del Sddim, hacia el sur del Mar Muerto, justamente en la parte contraria a la no menos insólita Jericó cuyos muros, al parecer, fueron derrumbados utilizando el poder del sonido.
Recorrer las formaciones rocosas donde, por doquier, aparecen huecos, rajaduras profundas, pequeñas cavernas y raras figuras, provoca singulares emociones indescriptibles, intransmisibles. Hay que estar aquí. Y vivirlo. Sodoma y Gomorra, integrantes de la Pentápolis, fueron arrasadas. De esto no le quedan dudas a nadie.
Pero, ¿cuál fue la causa? Nuevamente surge esta pregunta que, como un eco, se repite en todos los casos hasta transformarse en necia y monótona, ante la imposibilidad de una respuesta siquiera un tanto precisa.
¿Hubo un cataclismo geológico? Esta es una posibilidad que ha sido considerada repetidas veces; sin embargo, de haber existido tal hecho, éste aparece demasiado ligado con un proceso atómico que lo provocara, o desencadenara, si se quiere.
¿Una maldición divina? Tampoco, por los motivos que más adelante explicaremos. ¿Entonces qué? La acción, repetida en distintas partes del globo terráqueo, de personajes cuya naturaleza no nos es sencillo descubrir, pero que poseyeron una elevada tecnología.
Toda la zona donde las dos ciudades vieron surgir su esplendor es, en la actualidad, este lugar desértico, desolado, abrumadoramente lúgubre, conformado por un extenso desierto de sal que bañan los calurosos rayos solares durante el día para dejar paso a las bajas temperaturas imperantes cuando asoman las estrellas. Las densas aguas del Mar Muerto y las montañas secas, heridas de colores intensos, sirven de límites. Esto es la metáfora viva del Infierno mismo. El resultado de un área devastada donde la soledad se adueña del paisaje. Sopla un viento, constante, que arrastra arena y sal y que reseca con rapidez la boca del visitante.
Sobre el motivo y la manera en que fueron destruidas Sodoma y Gomorra se han tejido unas pocas hipótesis, que en líneas generales pueden ser resumidas en estas tres:
1 - La destrucción se debió a una intervención divina.
2 - Fue resultado de un cataclismo geológico.
3 - La causó el estallido de uno o más artefactos nucleares.
Según como se mire, todas estas opciones tienen sus posibilidades a favor y en contra para ser aceptadas como una explicación viable.
Desde cualquier óptica que se le quiera observar, el asunto de Sodoma y Gomorra puede resumirse de la siguiente manera: La destrucción fue provocada por un cataclismo de origen natural. Esto no explica las actuales características del terreno, que parece devastado por la acción de material radioactivo. Sodoma, Gomorra y la Pentápolis toda, sucumbieron ante un holocausto de origen atómico.
Esta posibilidad tiene, también, subgrupos de aclaración: Fue una explosión atómica provocada por seres extraterrestres para apresurar un cataclismo geológico y conseguir estudiar con detenimiento la actividad de las fuerzas de la Naturaleza, desatadas en toda su plenitud.
Otra opción que algunos investigadores han señalado es que aquí, hace milenios, una civilización avanzada y hoy desconocida, libró una batalla con armas parecidas a los rayos láser y bombas atómicas.
Otros piensan que explotó un vehículo extraterrestre propulsado por energía extraordinaria en algún modo similar a la nuclear.
No se requieren grandes conocimientos para darse cuenta que “algo”, muy extraño, sucedió en este lugar. Paredes de piedras vitrificadas, perfectamente verticales, de tal profundidad que su fin se pierde a la vista. El viejo truco de tirar una piedra –como yo lo he hecho– para escuchar cuándo impacta en la base, angustia aún más… porque el sonido demora demasiado en llegar.
No hay duda que la grieta es muy profunda. Sodoma y Gomorra estuvieron erigidas en el Valle del Sddim, al suroeste del Mar Muerto y, junto a otras tres, conformaron el conjunto conocido como Pentápolis.
Ahora, toda la zona es un lugar inhóspito, seco, desolado, con montañas constituidas principalmente por sal que aparece desparramada –a la vista– en toda la superficie del amplio terreno.
Algo lúgubre flota en este sitio dónde los días son bañados por rayos solares que elevan las temperaturas y que, cuando asoman las estrellas, se enfría pues el termómetro marca varios grados bajo cero. Las densas aguas del Mar Muerto y las montañas secas, heridas de colores intensos, sirven de límites.
Investigaciones de la Universidad Hebrea de Jerusalén, permitieron comprobar que, en el Monte Sodom, existe una cueva de sal –constituida por retorcidos túneles– que la hacen la más extensa conocida en el mundo hasta hoy: diez kilómetros. Con lo cual el enigma se hace mayor y los misterios continúan, aún después de milenios de ocurridos estos hechos hasta ahora imposibles de aclarar.
Antonio Las Heras es doctor en Psicología Social y magister en Psicoanálisis. Parapsicólogo, investigador del fenómeno OVNI, filósofo e historiador. “¿Qué hay detrás de los OVNIS?”, es uno de sus recientes libros. www.antoniolasheras.com